La Unión Europea continúa endureciendo las exigencias de seguridad para los vehículos nuevos con la entrada en vigor de una nueva fase del Reglamento General de Seguridad (GSR). A partir del 6 de julio de 2026, todos los coches y vehículos comerciales ligeros que se matriculen por primera vez en territorio comunitario deberán incorporar nuevos sistemas avanzados de asistencia a la conducción (ADAS) destinados a reducir accidentes provocados por distracciones y fatiga, así como a reducir los atropellos a peatones y ciclistas.
La nueva normativa amplía el paquete de ayudas electrónicas que ya comenzó a implantarse en 2024 y que introdujo elementos como la frenada automática de emergencia, el asistente inteligente de velocidad, la caja negra o el mantenimiento activo de carril. Ahora, Bruselas pone el foco especialmente en dos áreas consideradas prioritarias por las autoridades de tráfico europeas: las distracciones al volante y la protección de los usuarios más vulnerables de la vía pública.

El problema de las distracciones al volante
Uno de los nuevos sistemas obligatorios será el detector de distracciones y somnolencia del conductor avanzado, conocido como ADDW o DDR-ADR según la denominación técnica utilizada por cada fabricante. Este asistente utiliza cámaras y sensores capaces de analizar el comportamiento del conductor para detectar signos de cansancio, pérdida de atención o distracción prolongada. El sistema puede vigilar parámetros como los movimientos de la cabeza, la dirección de la mirada, el parpadeo de los ojos, el tiempo de reacción o las correcciones del volante para advertir al conductor antes de que se encuentre en una situación de riesgo.
La Dirección General de Tráfico (DGT) hace hincapié de manera reiterada en que las distracciones continúan siendo uno de los principales factores presentes en los accidentes mortales en España. Según los datos manejados de Tráfico, estuvieron implicadas en cerca de una cuarta parte de los siniestros mortales registrados en vías interurbanas durante el último año.
A ello también se suma la fatiga, que hace que el conductor pierda parte de sus capacidades y esté más lento de reflejos, siendo un problema especialmente relevante cuando se producen desplazamientos largos, a los que los conductores normalmente no están acostumbrados, y en la conducción profesional, ya que se trata de individuos que pasan muchas horas al volante.
Proteger a los usuarios vulnerables
El segundo gran avance de la normativa europea afecta al sistema de frenado automático de emergencia con detección de peatones y ciclistas. Aunque la mayoría de los vehículos actuales ya cuentan con frenada automática de emergencia, el nuevo reglamento exige versiones más avanzadas capaces de reconocer usuarios vulnerables en entornos urbanos y actuar de forma automática si el conductor no reacciona a tiempo. El objetivo es reducir el número de atropellos y, cuando no sea posible evitar el impacto, al menos reducir la gravedad de las colisiones para que las lesiones sean menores. Se pone el foco especialmente en ciudad, donde peatones y ciclistas representan una parte importante de las víctimas en accidentes de tráfico.
La Unión Europea considera que la expansión de estos sistemas ADAS permitirá reducir significativamente la mortalidad en carretera durante los próximos años. Las estimaciones comunitarias calculan que la implantación progresiva de estas tecnologías podría evitar decenas de miles de fallecimientos y heridos graves en Europa antes de 2038.

