En 1917, una idea tan simple como las líneas de la carretera cambió la seguridad vial. Hoy es clave para el coche eléctrico y autónomo

La línea divisoria en la carretera, inventada en 1917 en California, ordenó el tráfico salvando millones de vidas. Hoy sigue siendo fundamental para la seguridad vial y es clave para la nueva conducción autónoma.

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La doctora June McCarroll (en el recuadro) introdujo la primera línea divisoria en una carretera de California en 1917.
20/05/2026 15:30
Actualizado a 20/05/2026 15:30

En la historia de la movilidad pocos inventos han salvado tantas vidas como los sistemas de seguridad vial. Además de innovaciones famosas como el cinturón de seguridad, el freno ABS o el airbag, la señalización horizontal en las vías ha reducido drásticamente la gravedad de los accidentes de tráfico.

Algo tan sencillo como pintar rayas blancas en el asfalto organiza el flujo de vehículos, previene adelantamientos peligrosos y evita colisiones frontales. De hecho, esta simple franja ha provocado un cambio decisivo en la conducción y actúa hoy como un guardián silencioso para millones de conductores en todo el mundo.

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Si no hubiese señalización horizontal, la circulación sería casi imposible.

Nos hemos acostumbrado a ellas, pero podrían no estar

En otras palabras, la pintura vial no es un mero adorno: las líneas blancas son un elemento básico de la seguridad vial moderna. Gracias a ellas los conductores saben en todo momento dónde deben circular, incluso en condiciones difíciles, evitando confusiones que antes costaban vidas. Como señalan los expertos, la línea divisoria ha sido uno de esos inventos invisibles que, con muy poca inversión, han transformado radicalmente nuestras ciudades y carreteras.

La idea de trazar un carril central en la carretera surgió en Estados Unidos a principios del siglo XX. El primer antecedente documentado tuvo lugar en 1911 en Detroit, cuando el comisario de carreteras Edward N. Hines propuso pintar una línea blanca para dividir los sentidos de circulación.

Con el auge del automóvil esta práctica se repitió en otros puntos del país. En 1917 el ingeniero Kenneth Ingalls Sawyer aplicó la misma idea en la peligrosa “Curva del Hombre Muerto” de Michigan, reduciendo los choques frontales, y ese mismo año el ayudante del sheriff Peter Rexford propuso pintar la línea de color amarillo para mejorar su visibilidad en la conducción nocturna

Sin embargo, fue lo ocurrido a la doctora June McCarroll en California el que se convirtió en las líneas que hoy están en nuestras carreteras. En 1917, McCarroll circulaba por un camino estrecho del Valle de Coachella cuando un camión le invadió el carril contrario, obligándola a salirse de la vía. Este susto la llevó a reflexionar sobre la necesidad de marcar los carriles de forma visual.

Al no recibir apoyo de las autoridades locales, McCarroll compró pintura blanca y, en una noche, trazó a mano casi un kilómetro de línea continua sobre la carretera (la entonces autopista 99) que recorría a diario. Su iniciativa fue el detonante para que la sociedad civil impulsara la idea: gracias a la presión de grupos como clubes de mujeres y a su activa campaña, en 1924 la comisión de carreteras de California adoptó oficialmente la señalización horizontal en las vías.

La adopción de la línea blanca fue gradual pero imparable. El ejemplo de California abrió camino y rápidamente otros estados y países copiaron la medida. Poco a poco se fue estandarizando un código de colores mundial: tras la Segunda Guerra Mundial se definió que la pintura blanca divide carriles en el mismo sentido, mientras que el amarillo separa flujos opuestos.

Menos accidentes

Los resultados en términos de seguridad son claros. Estudios actuales demuestran que la señalización vial horizontal reduce de forma significativa los accidentes de tráfico. Un informe del Instituto de Transporte de Texas (2019) concluyó que unas marcas viales retrorreflectantes para condiciones de lluvia redujeron un 32 % los choques nocturnos con lluvia y cerca de un 49 % los accidentes mortales en esas mismas condiciones.

En otras palabras, mejorando la visibilidad de las líneas se evita casi la mitad de los accidentes fatales nocturnos sobre pavimento mojado. A nivel global, se estima que la introducción de carriles demarcados ha evitado miles de muertes en choque frontal al brindar una guía constante al conductor, muchas colisiones se transforman en simples frenadas a tiempo.

Además, la señalización horizontal facilita la circulación segura en zonas rurales y urbanas por igual. En carreteras estrechas o de curvas pronunciadas, las líneas dobles continuas han sido claves para indicar prohibiciones de adelantamiento, mientras que las discontinuas permiten maniobras con precaución.

Desde su generalización, la frecuencia de accidentes en dobles sentidos ha caído notablemente. En conjunto, la línea blanca ha sido tan eficaz para salvar vidas como otros avances análogos.

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Para los sistemas ADAS y la futura conducción autónoma las base son las líneas de la carretera.

La era ADAS y los coches eléctricos y autónomos

El invento centenario sigue vigente en la actualidad, incluso en la era de la conducción asistida y los vehículos eléctricos. Las marcas viales modernas incorporan microesferas retrorreflectantes y compuestos antideslizantes para garantizar visibilidad tanto de día como de noche. Unas tecnologías cruciales para la conducción nocturna y con lluvia: los faros realzan la pintura reflectante, indicando con claridad el trazado de los carriles.

Hoy los vehículos ofrecen avanzados sistemas de ayuda al conductor (ADAS). Cámaras y sensores de los vehículos eléctricos y autónomos utilizan la señalización horizontal como referencia esencial. Por ejemplo, el asistente de mantenimiento de carril (lane-keeping) detecta la línea pintada para corregir la trayectoria, y el piloto automático de muchos coches (especialmente eléctricos) se basa en ellas para guiarse.

Los automóviles inteligentes necesitan marcas viales claras para circular seguros: si las líneas están difuminadas o poco reflectantes, el sistema puede detener el coche automáticamente para evitar riesgos. En la práctica, cualquier coche autónomo que circule a nivel 2/3 captura la línea blanca de la calzada en tiempo real. En el futuro cercano, incluso se plantean las ‘autopistas inteligentes’ con sensores integrados, pero de momento la mayoría de la tecnología autónoma sigue dependiendo de esa vieja raya blanca para orientarse.

La invención de la línea blanca es un ejemplo de cómo una idea simple puede revolucionar la movilidad. A más de un siglo de su creación, la modesta franja pintada sigue salvando vidas en todo el mundo.