Volkswagen ha iniciado una profunda revisión interna con un objetivo claro: volver a conectar con sus clientes. La compañía reconoce que algunos de sus modelos recientes, especialmente en los inicios de su ofensiva eléctrica, se alejaron del carácter que tradicionalmente ha definido a la marca.
El punto de inflexión llegó en 2022, cuando la dirección detectó una desconexión entre el legado emocional de Volkswagen y la percepción de sus nuevos productos. Tras analizar distintos mercados internacionales, el grupo constató que, mientras millones de conductores seguían identificándose con la marca, sus vehículos no siempre reflejaban ese vínculo. Thomas Schäfer, CEO de Volkswagen, lo aclaró asegurando que “se vivió una fase fase en la que los coches se veían como productos de iPhone, más anónimos, sin alma”.
Volver al ADN: diseño, identidad y coherencia

A partir de ese diagnóstico, la estrategia ha dado un giro hacia lo esencial. Volkswagen quiere recuperar los pilares que la convirtieron en una referencia global: diseño reconocible, funcionalidad, calidad percibida y una identidad clara.
Este cambio no se limita al producto. También implica una transformación interna, con nuevos equipos, procesos más ágiles y una visión a largo plazo que busca ir más allá de resolver problemas inmediatos. El objetivo es ambicioso: construir la versión más sólida y coherente de la marca en su historia reciente.
Autocrítica en la electrificación
El CEO de Volkswagen, Thomas Schäfer, no dudó durante la ronda de preguntas en la que participamos en hacer autocrítica sobre su transición hacia el coche eléctrico. Aunque fue uno de los grupos que más apostó por esta tecnología desde el principio, ahora admite que el entorno no estaba completamente preparado.
Factores como la falta de infraestructuras de recarga o la retirada de incentivos en mercados clave como Alemania frenaron la adopción. Esto provocó un desfase entre la oferta de los fabricantes y la capacidad real del mercado para absorberla, generando dudas tanto en consumidores como en la propia industria.
Precio y funcionalidad: las claves del nuevo enfoque

Dentro de esta nueva etapa, Volkswagen tiene claro que el éxito del coche eléctrico dependerá en gran medida del precio y la usabilidad. Modelos como el futuro Volkswagen ID. Polo, con un coste estimado en torno a los 25.000 euros, representan esa apuesta por democratizar la movilidad eléctrica.
La marca defiende que no basta con electrificar la gama, sino que los vehículos deben ser prácticos, intuitivos y accesibles. Frente a la tendencia de sobrecargar los coches con tecnología, Volkswagen apuesta por una experiencia sencilla, con controles claros y un enfoque centrado en el conductor.
Europa, entre la ambición y la incertidumbre
El contexto europeo sigue siendo uno de los grandes desafíos. Aunque la cuota de coches eléctricos ronda el 20%, el crecimiento es desigual y depende en gran medida de factores como las ayudas públicas o la infraestructura disponible.
Volkswagen mantiene su compromiso con los objetivos de descarbonización, pero considera que el calendario fijado por la Unión Europea podría necesitar ajustes para adaptarse a la realidad del mercado y de la industria.
En cuanto a los aranceles impuestos por la Comisión Europea a los coches eléctricos chinos, Schäfer no dudó en asegurar que “cuanto más impuestos hay, menos competitividad”, motivo por el que está en contra de los mismos, y sentencia que es mejor si “todo el mundo juega con las mismas reglas”.
España, pieza clave en el futuro eléctrico
En este escenario, España juega un papel estratégico. El grupo ha reforzado su apuesta industrial en el país con proyectos clave como la gigafactoría de baterías en Valencia y la producción de nuevos modelos eléctricos.
Esta inversión no solo fortalece la presencia de Volkswagen en Europa, sino que también contribuye a crear un ecosistema competitivo frente a otros mercados, especialmente en un momento de creciente presión internacional.
Competencia global y el reto del equilibrio
El avance de fabricantes como BYD ha intensificado la competencia, obligando a los grupos europeos a reaccionar con rapidez. Volkswagen, sin embargo, ve esta situación como un estímulo, siempre que exista un marco de competencia equilibrado.
Al mismo tiempo, la compañía afronta un desafío clave: mantener el equilibrio entre coches eléctricos y de combustión durante los próximos años, en un mercado que todavía no ha definido completamente su ritmo de transición. Y ahí entran en juego los coches híbridos e híbridos enchufables, que tendrán cabida en la estrategia de los próximos años del fabricante.
Tradición e innovación, el gran desafío
Volkswagen encara el futuro con una idea clara: innovar sin perder su identidad. Modelos icónicos seguirán evolucionando, adaptándose a la electrificación sin renunciar a su esencia.
En un momento decisivo para la industria, el grupo alemán busca algo más que adaptarse: quiere liderar el cambio, apoyándose en su historia para construir su futuro.