El consejo del mejor mecánico de España a los conductores de un coche eléctrico: dejarlo aparcado durante meses puede llegar a causar “daños irreversibles”

No es lo mismo aparcar que abandonar el coche a suerte. Una parada por mucho tiempo, aunque sea en un garaje daña frenos, neumáticos, sistema eléctrico de 12 V y, sobre todo, el sistema de batería-motor.

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Javier Sendín alerta de los riesgos que implica mantener un vehículo estacionado durante largos periodos en el mismo lugar. Gemini
11/03/2026 19:55
Actualizado a 11/03/2026 20:24

Mantener un coche aparcado durante largos periodos de tiempo puede parecer inofensivo, pero los especialistas del sector advierten de que esa práctica puede provocar averías importantes, especialmente en el caso de los vehículos eléctricos.

La falta de movimiento durante semanas o incluso meses no solo afecta a elementos mecánicos básicos, sino también a componentes eléctricos clave.

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Si se planea dejar un coche eléctrico parado durante meses, conviene programar recargas lentas de forma periódica.

La opinión del mejor mecánico de España

El mecánico español Javier Sendín, reconocido con el premio al mejor mecánico de España en 2023, advierte de que dejar un vehículo estacionado sin uso durante mucho tiempo puede generar problemas en diferentes sistemas del automóvil.

Según explica, la inactividad prolongada afecta a componentes como los silentblocks, los neumáticos, los frenos y, en el caso específico de los eléctricos, tanto a la batería auxiliar de 12 voltios como a la batería principal de alta tensión.

El problema no se limita al envejecimiento natural de las piezas. Cuando un vehículo permanece inmóvil, ciertos procesos de degradación pueden acelerarse. Entre ellos destaca la descarga progresiva de las baterías, causada por pequeños consumos eléctricos constantes y por la propia autodescarga de las celdas.

Si el nivel de carga desciende por debajo de los umbrales recomendados por el fabricante, existe el riesgo de que el sistema de propulsión sufra daños permanentes. En los casos más extremos, la pérdida de capacidad podría ser irreversible.

Las consecuencias también se perciben en los elementos más visibles del coche. La humedad ambiental o incluso el agua tras un lavado pueden provocar la aparición de una fina capa de óxido sobre los discos y tambores de freno. Ese proceso puede hacer que las pastillas queden adheridas, dificultando el movimiento del vehículo cuando se vuelve a utilizar.

Los neumáticos tampoco se libran del efecto de la inactividad. Cuando el coche permanece mucho tiempo en la misma posición, el peso del vehículo presiona siempre sobre la misma zona del neumático, lo que puede generar deformaciones. Esta situación, conocida como “flat spot”, puede provocar vibraciones durante la conducción y reducir la vida útil de las ruedas.

La suspensión también sufre las consecuencias de la falta de movimiento. Muchos de sus componentes incluyen piezas de goma o materiales elastoméricos que, con el paso del tiempo y sin cambios de carga, pueden endurecerse o deformarse. Esto afecta a la capacidad de absorción de irregularidades y al confort de marcha.

En los coches eléctricos, el mantenimiento de la batería se convierte en un aspecto especialmente delicado. Aunque los sistemas actuales están diseñados para minimizar las pérdidas de energía cuando el vehículo está parado, siguen existiendo pequeños consumos eléctricos vinculados a sistemas de seguridad, conectividad o telemetría.

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En el caso de las flotas, se recomienda controlar a distancia el estado de carga (SoC) de las baterías.

Algunas recomendaciones básicas

Por ese motivo, los especialistas recomiendan adoptar ciertas precauciones si se prevé que el coche vaya a permanecer aparcado durante un periodo prolongado. Una de las medidas más importantes es evitar que la batería se descargue por completo. Cuando el nivel de carga cae por debajo de los límites recomendados, la degradación de las celdas puede acelerarse de forma significativa.

En este sentido, se aconseja realizar recargas periódicas si el vehículo va a estar meses sin utilizarse. La estrategia más adecuada suele consistir en programar cargas lentas intermitentes que mantengan el nivel de energía dentro de un rango seguro para la batería.

Además del control del nivel de carga, también se recomienda mover el coche ocasionalmente para evitar que frenos, neumáticos y suspensión permanezcan sometidos a una presión constante en la misma posición. Incluso pequeños desplazamientos pueden ayudar a reducir el impacto de la inactividad sobre estos componentes.

Estas recomendaciones resultan especialmente relevantes en el caso de empresas o servicios que gestionan flotas de vehículos eléctricos. En estos escenarios, la supervisión del estado de carga de las baterías se convierte en una herramienta clave para evitar averías costosas.

La monitorización remota del estado de carga, conocido como SoC, por sus siglas en inglés, permite comprobar en tiempo real el nivel de energía disponible en cada vehículo y programar recargas antes de que la batería alcance niveles críticos. Este tipo de sistemas también facilita la planificación de rotaciones de vehículos para evitar que algunos permanezcan demasiado tiempo sin uso.

El mensaje de los especialistas es claro: la tecnología eléctrica no elimina las necesidades de mantenimiento del automóvil. Al contrario, exige prestar atención a ciertos aspectos específicos. La inactividad prolongada puede convertirse en un enemigo silencioso del vehículo si no se toman medidas preventivas.

Por ello, si un coche eléctrico va a permanecer estacionado durante semanas o meses, la recomendación general pasa por mantener la batería dentro de niveles seguros mediante recargas periódicas, vigilar el estado de los sistemas auxiliares y mover el vehículo ocasionalmente. Estas medidas sencillas pueden evitar reparaciones costosas y, en los casos más extremos, la sustitución completa del sistema de baterías.