El 1 de julio de 2006 entró en vigor en España el permiso de conducir por puntos, una medida que transformó el panorama para los conductores españoles. Dos décadas después, sigue siendo una de las herramientas más importantes para reducir la siniestralidad en las carreteras y su principal impulsor, el director general de Tráfico, Pere Navarro, considera que el gran cambio fue trasladar la responsabilidad directamente al conductor y convertir el permiso de conducir en un bien que cada ciudadano debe gestionar y conservar.
En una entrevista concedida a EFE y de la que se hace eco La Vanguardia, con motivo del vigésimo aniversario de la medida, Navarro recuerda que implantar el permiso por puntos fue uno de los primeros encargos que recibió del entonces ministro del Interior, José Antonio Alonso, cuando asumió la dirección de la DGT. Este le marcó tres objetivos: “el primero acabar con las colas de Arturo Soria); el segundo, poner en marcha el permiso de conducir por puntos; y el tercero, reducir los accidentes de tráfico”.

Acercar España a Europa
La implantación del modelo no fue una idea improvisada. España siguió el camino iniciado años antes por otros países europeos, como Francia, que lo había puesto en marcha en 1992, y Reino Unido. Para Navarro, adoptarlo “nos aproximaba a Europa, nos hacía europeos y a todos nos hacía ilusión poner en marcha el permiso por puntos”.
Considera que uno de las principales claves de su éxito fue que “hasta entonces, la seguridad vial era un tema de la DGT, del Gobierno, pero a partir de ese momento se le dice al conductor, 'tu eres responsable de tu conducta, de tu permiso y gestionas tus puntos'”. Que cada cual tuviera que responsabilizarse de su actitud al volante supuso un cambio de paradigma.
Pero también cree que la clave es la democratización, porque es un sistema que afecta a todo el mundo por igual, no como ocurría antes. “Las multas económicas a unos les hacen mucho daño y a otros les importa un pepino, pero la retirada del permiso de conducir afecta por igual a todos. En los cursos de recuperación de puntos, el rico se sienta al lado del pobre y el famoso al lado del pringado. Tiene un cierto aire igualitario”, apunta.
Las cifras demuestran el acierto
Más allá de su percepción, las cifras dan la razón a la implantación del carnet por puntos. En 2003 había 128 fallecidos por millón de habitantes y actualmente 37, “lo que nos ha situado a la cola de Europa en número de víctimas mortales” señala, añadiendo que “somos un referente en seguridad vial en Europa. Esta es la diferencia”. No solo eso, también considera que el nuevo tipo de permiso “fue el catalizador que puso en marcha una nueva política de seguridad vial, lo que en la DGT llamamos 'la revolución silenciosa de la seguridad vial”.
A lo que se refiere es a que poco después de su implantación se creó la figura del fiscal de Seguridad Vial, se reformó el Código Penal para tipificar como delito la conducción sin puntos y se agilizaron los procedimientos administrativos relacionados con las sanciones de tráfico. Todo ello formó parte de una estrategia global destinada a reducir la siniestralidad.
En aquel momento, hace ya 20 años, hubo un cambio de mentalidad: “El discurso era, 'somos un país latino que le gusta la fiesta, que bebe vino y cerveza y que está todo el día cogiendo el coche para ir al mar o a la montaña y esto no tiene solución'. Y demostramos que, si remamos todos en la misma dirección, somos capaces de hacer posible lo que parece imposible; tenemos que ir todos alineados, porque si no, ‘Nos anulamos los unos a los otros’”, sentencia.

