Reino Unido estudia una nueva medida para impulsar una tecnología que permitiría a los propietarios de coches eléctricos ganar dinero devolviendo electricidad a la red. El Gobierno británico contempla conceder incentivos regulatorios a los fabricantes que incorporen sistemas de recarga bidireccional, conocidos como V2G, en sus vehículos. La propuesta forma parte de la revisión de sus objetivos de electrificación y todavía no está aprobada. Su potencial es considerable: el operador energético británico NESO calcula que estos automóviles podrían aportar 1,2 GW de potencia flexible en 2030 y alcanzar los 41 GW en 2050.
Coches eléctricos que cargan cuando la luz es barata y venden energía cuando sube
La recarga bidireccional permite que la electricidad circule en ambos sentidos entre el vehículo y la instalación eléctrica. Con la tecnología V2G (Vehicle to Grid), un coche puede cargar su batería durante las horas de menor precio y devolver parte de esa energía a la red cuando aumenta la demanda.

De esta manera, el propietario puede beneficiarse de las diferencias entre tarifas, siempre que disponga de un vehículo, un cargador y un contrato eléctrico compatibles. Existe otra modalidad, denominada V2H (Vehicle to Home), que permite utilizar la batería para suministrar electricidad directamente a una vivienda.
El Gobierno británico estudia recompensar a los fabricantes que incorporen estas funciones mediante créditos dentro de su mandato de vehículos de cero emisiones.
La propuesta contempla requisitos técnicos para garantizar que la tecnología esté realmente disponible para los compradores, incluidos cargadores compatibles y garantías que permitan su utilización.

Las baterías podrían aportar 41 GW de potencia en 2050
El potencial de esta tecnología va mucho más allá del ahorro individual. Según los escenarios energéticos de NESO, la recarga V2G podría proporcionar una potencia flexible equivalente a una central eléctrica de 1,2 GW en 2030.
En 2050, uno de sus escenarios contempla alcanzar 41 GW de potencia disponible, suficiente para cubrir más de una cuarta parte de la demanda eléctrica máxima prevista. Esta capacidad permitiría aprovechar mejor la energía eólica y solar, almacenando los excedentes en las baterías de los automóviles para utilizarlos posteriormente.
No obstante, se trata de estimaciones condicionadas al despliegue de vehículos y cargadores compatibles, no de una capacidad actualmente disponible.

La propuesta también permitiría vender más coches de gasolina
La iniciativa ha generado críticas porque los incentivos no consistirían necesariamente en ayudas económicas directas a los conductores.
Los fabricantes recibirían créditos regulatorios por comercializar vehículos eléctricos equipados con estas tecnologías, que podrían utilizarse para cumplir sus obligaciones de electrificación. Esto podría permitirles vender más vehículos de combustión sin afrontar determinadas penalizaciones.
Ben Nelmes, consejero delegado de New AutoMotive, considera que las marcas solo deberían ser recompensadas cuando la tecnología se utilice realmente, y no simplemente por instalarla. El directivo advierte de que los fabricantes podrían recibir créditos de considerable valor por equipamientos relativamente baratos, aunque muchos propietarios todavía no disponen de cargadores bidireccionales.
La consulta británica finalizó el 23 de octubre y el Gobierno debe valorar las respuestas antes de decidir posibles modificaciones. Para España, donde la producción renovable y la electrificación del transporte están aumentando, el debate resulta especialmente interesante. Convertir los automóviles en sistemas de almacenamiento distribuido podría facilitar la integración de renovables y reducir costes energéticos.
Pero su implantación dependerá de que existan vehículos compatibles, infraestructura adecuada y condiciones económicas atractivas para los conductores.