Los coches eléctricos empiezan a no ser una excepción, si no a estar cada vez más extendidos y eso hace que los regímenes fiscales en los que se encuentran empiecen a cambiar. Cuando ya no es necesario ayudar tanto al conductor a dar el salto a un vehículo de cero emisiones, empiezan a quitarse las bonificaciones, y la que ha llevado a cabo China es de las importantes: ha dado un giro a su política industrial para el sector de las baterías y ha puesto fin a más de una década de exenciones fiscales para las tecnologías basadas en litio.
A partir del 1 de septiembre de 2026, el Gobierno aplicará un impuesto al consumo del 2 % sobre las baterías de iones de litio y otros sistemas electroquímicos convencionales, una tasa que aumentará al 4 % un año después. En cambio, las baterías de sodio, las de estado sólido y las pilas de combustible permanecerán exentas, al menos hasta finales de 2028, lo que deja claro que esta decisión busca acelerar el desarrollo y la adopción de las nuevas tecnologías.

Cambio tras más de una década
La medida supone el final de una política de apoyo vigente desde 2015, cuando Pekín eliminó el impuesto al consumo para impulsar la expansión de una industria que hoy domina el mercado mundial. Durante estos años, China se ha convertido en el principal productor de baterías para vehículos eléctricos y sistemas de almacenamiento energético, con fabricantes que abastecen tanto al mercado doméstico como a buena parte de la demanda internacional. Sin embargo, el Ejecutivo considera que el sector ha alcanzado un grado de madurez suficiente como para reducir los incentivos generalizados, que se mantenga por su propia cuenta, y orientar el respaldo público hacia tecnologías emergentes.
De esta manera, el nuevo esquema fiscal afectará no solo a las baterías de iones de litio, sino también a las baterías primarias de litio, las baterías primarias sin mercurio, las de níquel-hidruro metálico y las baterías de flujo redox de vanadio. Todas ellas estarán sujetas al gravamen desde septiembre de este año mientras que, en contraste, las baterías de sodio y las de estado sólido seguirán disfrutando de una exención tributaria temporal, una señal clara de que el Gobierno pretende incentivar la inversión industrial y el escalado comercial de estas alternativas.
Más allá de su impacto fiscal directo, la decisión también podría modificar la estructura competitiva de la industria automovilística china. Analistas del sector apuntan que los fabricantes de vehículos con producción propia de baterías estarán en mejor posición para absorber o compensar el nuevo impuesto, mientras que las marcas que dependen de proveedores externos afrontarán un incremento de costes. Esta circunstancia podría reforzar la integración vertical que ya es habitual en algunos de los mayores fabricantes chinos y aumentar la presión sobre aquellas empresas que todavía no controlan la producción de sus propias celdas.
Bonificaciones a las tecnologías más novedosas
La nueva política es una evolución natural de la estrategia industrial de Pekín y que se ha podido ir viendo en las últimas semanas. Las autoridades chinas han comenzado a revisar distintos incentivos fiscales vinculados a la movilidad eléctrica, en un contexto en el que la penetración de los vehículos de nuevas energías alcanza niveles récord y el mercado ha dejado atrás su fase inicial de desarrollo. Ante esa situación, en lugar de mantener ayudas indiscriminadas, el Gobierno parece haber decidido potenciar la innovación hacia tecnologías con mayor potencial de competitividad en el futuro.
Teniendo en cuenta el peso de China en la industria global del coche eléctrico, este cambio puede tener un impacto en el sector internacional de la automoción y del almacenamiento energético. La medida constituye una señal relevante sobre los derroteros que va a seguir la industria, porque aunque el litio continuará siendo la química dominante durante los próximos años, el nuevo marco regulatorio envía un mensaje claro, que las futuras oportunidades de crecimiento podrían concentrarse en tecnologías más novedosas, como las baterías de sodio y, especialmente, las de estado sólido, que ofrecen mayores niveles de seguridad, menores costes y una menor dependencia de materias primas críticas.

