Si la industria europea ha mantenido en vilo a miles de trabajadores tras los drásticos planes de ajuste anunciados por el Grupo Volkswagen, la presión de la transformación hacia el vehículo de cero emisiones no es exclusiva del Viejo Continente. En Asia, uno de los gigantes automovilísticos más longevos e influyentes ha decidido mover ficha con un plan de tijeretazo sin precedentes en sus operaciones para garantizar su competitividad en los próximos años: Honda.
Según documentos a los que ha tenido acceso la agencia Reuters, la firma japonesa afronta la necesidad urgente de redimensionar su estrategia de movilidad eléctrica. La llegada masiva de fabricantes asiáticos emergentes con costes de producción muy ajustados y el lento crecimiento de la demanda de vehículos 100 % eléctricos en determinados mercados globales han obligado a la directiva de Tokio a tomar medidas extremas sobre sus costes operativos y su calendario de lanzamientos.

Ambicioso objetivo de ahorro y presión sobre la cadena de suministro
Reuters informa que Honda se ha fijado como meta alcanzar una reducción de costes de 1,5 billones de yenes hasta el final de la década, lo que equivale a más de 8.000 millones de euros. Este plan de choque no busca generar ingresos vendiendo más coches, sino cambiar de forma drástica el coste de desarrollo, ingeniería y ensamblaje de cada unidad que salga de sus líneas de producción.
La estrategia implica presionar a toda su red global de proveedores. La dirección de la marca ha empezado a comunicar objetivos de reducción de precios específicos para cada suministrador. Esto afecta sobre todo a componentes estampados y forjados, electrónica avanzada y todo el hardware necesario para desarrollar los vehículos definidos por software. La urgencia es clara, ya que el fabricante prevé que las pérdidas asociadas a la transición hacia el coche eléctrico superen los 12.000 millones de dólares (más de 10.300 millones de euros) si no se actúa sobre la eficiencia de la cadena de valor.

Repensar la procedencia de los componentes
El ajuste de Honda no se limita a pedir rebajas directas a sus suministradores tradicionales en Japón o Norteamérica. La marca ha iniciado un cambio de paradigma en el diseño de sus futuros modelos globales. Para reducir los costes de producción, el fabricante fomentará una estandarización masiva de componentes, reduciendo la variedad de piezas entre diferentes familias de modelos y permitiendo la integración de elementos más simples producidos a gran escala.
En este proceso de optimización, la cadena de suministro de componentes fabricados en China pasa a jugar un papel central. Mientras Europa y Estados Unidos analizan vías de protección ante los coches procedentes del país asiático, Honda estudia aumentar las compras de piezas a proveedores chinos para aprovechar sus escalas de producción y sus precios reducidos. Se trata de un movimiento táctico enfocado en recortar distancias frente a la rapidez y competitividad de gigantes como BYD en mercados emergentes y consolidar un margen de beneficio sostenible.

Cambio de rumbo hacia la tecnología híbrida y alianzas estratégicas
El reajuste presupuestario viene acompañado de un cambio relevante en la planificación de producto. Al igual que ha ocurrido en otros grupos del sector, la marca nipona ha moderado el ritmo de implantación de determinados proyectos 100 % eléctricos que estaban previstos en mercados clave. En su lugar, el fabricante aumenta la apuesta por la tecnología híbrida para los próximos años, una solución que ofrece rentabilidad inmediata y permite mantener el volumen de ventas mientras se reduce la exposición financiera en la división puramente eléctrica.
Para amortizar la enorme inversión que requiere el desarrollo de los vehículos modernos, la firma también busca alianzas estratégicas en su país de origen. Hace poco se han anunciado acuerdos de cooperación con firmas como Nissan para compartir la arquitectura de componentes electrónicos de control y software de a bordo a partir de finales de esta década. Mediante esta suma de fuerzas, las marcas históricas japonesas pretenden recortar los tiempos de desarrollo y compartir gastos de I+D, demostrando que la supervivencia en el panorama del motor actual pasa por la flexibilidad técnica y un control riguroso del gasto.