Simon Stiell, jefe climático de la ONU: "El mundo no puede seguir dependiendo de los combustibles fósiles"

El jefe climático de la ONU endurece su mensaje y vincula la dependencia del petróleo y el gas con inseguridad, inflación y pérdida de soberanía.

Simon Stiell, jefe climático de la ONU
El jefe climático de la ONU advierte del impacto negativo de la dependencia de los combustibles fósiles.
20/03/2026 13:00
Actualizado a 20/03/2026 13:00

Simon Stiell, jefe climático de la ONU, ha lanzado uno de los mensajes más duros de los últimos meses contra la dependencia mundial de los combustibles fósiles. En plena escalada de tensión geopolítica y con los mercados energéticos otra vez bajo presión, el máximo responsable climático de la ONU ha advertido de que el mundo no puede seguir atado al petróleo y al gas si quiere evitar nuevas sacudidas económicas, pérdida de seguridad energética y una mayor vulnerabilidad política.

Sus palabras llegan después de varias intervenciones públicas en marzo en las que ha insistido en la misma idea. Para Stiell, el problema ya no se limita al impacto climático de los combustibles fósiles, sino que afecta de lleno a la soberanía de los países, al coste de la energía y a la estabilidad de familias y empresas. En Bruselas llegó a afirmar que la dependencia de los combustibles fósiles está “arrancando la seguridad nacional y la soberanía”, mientras que en una entrevista con Reuters sostuvo que, si alguna vez hubo un momento para acelerar la salida de esa dependencia, “este es el momento”.

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Stiell aboga por frenar nuevas inversiones en combustibles fósiles.

La ONU endurece su mensaje contra el petróleo

El planteamiento de Stiell es que ante cada nueva crisis internacional se demuestra hasta qué punto las economías siguen expuestas a los vaivenes del petróleo y del gas. En su discurso subrayó que esa dependencia deja a los presupuestos familiares, a las empresas y a los países a merced de los shocks geopolíticos y de la volatilidad de los precios. En otras palabras, el mensaje de la ONU es que la factura de los combustibles fósiles no se mide solo en emisiones, sino también en inflación, incertidumbre y fragilidad económica.

Ese enfoque refuerza un cambio de tono que se ha ido consolidando en los últimos años. La ONU ya no presenta la transición energética únicamente como una obligación climática, sino también como una cuestión de seguridad y competitividad. Stiell lo resume con una frase muy clara. Frente al caos de costes asociado a los combustibles fósiles, sostiene que hay una solución evidente y que pasa por acelerar las renovables, porque hoy son más baratas, más seguras y más rápidas de desplegar.

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La guerra ha disparado la tensión de los mercados y ha encarecido el petróleo.

Lo más llamativo es que el jefe climático de la ONU no ha rebajado el tono ni siquiera en un contexto de tensión internacional, cuando parte del debate público tiende a justificar una vuelta de corto plazo al petróleo y al gas por razones de seguridad de suministro.

Al contrario. Stiell ha calificado de “completamente delirante” la idea de responder a una nueva crisis energética redoblando la apuesta por los combustibles fósiles o frenando el despliegue de tecnologías limpias. Reuters recoge además que vinculó esa crítica a los intentos de suavizar políticas climáticas para aliviar tensiones inmediatas en los mercados.

Europa paga cara su dependencia del petróleo

En su intervención recordó que la UE depende de las importaciones fósiles más que casi cualquier otra gran economía y que esa exposición tiene un precio enorme en términos económicos. Por eso insiste en que la transición no debería verse como una carga, sino como una salida estratégica a una dependencia que, a su juicio, se repetirá una y otra vez mientras el sistema siga apoyándose en petróleo y gas importados.

En ese marco, Stiell plantea que la discusión ya no debería centrarse en si hay que acelerar la transición, sino en cómo hacerlo con más rapidez y con más apoyo público. Su mensaje, en esencia, es que las renovables y la electrificación no son solo una herramienta para reducir emisiones, sino un escudo frente a futuras crisis de precios, conflictos internacionales y tensiones comerciales. Esa es la razón por la que en su comunicado de principios de marzo insistió en que la transición global sigue siendo demasiado lenta, pese a que la alternativa es cada vez más evidente.

La dureza del mensaje también ayuda a entender por qué las declaraciones de Stiell están teniendo tanta repercusión. Cuando afirma que el mundo no puede seguir dependiendo de los combustibles fósiles, no está lanzando solo una consigna climática. Está describiendo un modelo energético que considera cada vez más caro, más inestable y más difícil de defender incluso desde una lógica estrictamente económica.