Viajar en coche eléctrico: los 3 motivos que echan para atrás a los conductores

A pesar de los avances del sector, hay ciertos aspectos que llevan a los conductores a replantearse sus desplazamientos largos.

viajar coche eléctrico
Viajar en coche eléctrico es cada vez más sencillo, pero sigue habiendo inconvenientes.
29/03/2026 14:00
Actualizado a 29/03/2026 14:00

Hace tiempo que los coches eléctricos dejaron de ser una rareza en nuestras carreteras. Aunque su penetración en el mercado es lenta, también es continua y el parque automovilístico cada vez tiene más modelos de cero emisiones. Cada vez tienen más autonomía, las recargas cada vez son más rápidas y la red de estaciones no deja de aumentar, pero, a pesar de todo este avance, muchos conductores siguen mostrando cierta reticencia a la hora de planificar viajes largos por carretera con un vehículo de baterías.

Es algo que no se debe a una falta de confianza en la tecnología en sí, sino a una serie de desafíos prácticos que aún persisten y que, aunque ya no lo hacen de manera tan grave, todavía a día de hoy afectan de manera general a los usuarios de coches eléctricos, independientemente del lugar del mundo en el que se encuentren.

Viajar en coche eléctrico, por placer
El tiempo de recarga es uno de los escollos.

Los tres inconvenientes que encuentran los conductores

Principalmente se pueden encontrar tres grandes grupos de problemas: la fiabilidad de la infraestructura de recarga, las limitaciones de autonomía en determinadas condiciones y la necesidad de planificar las rutas con mayor precisión que en el caso de los vehículos de combustión. Joe Webster, director de marketing de A1 Auto Transport, explica: “Trabajamos a diario con propietarios de vehículos eléctricos que optan por enviar sus coches para mudanzas de larga distancia en lugar de conducirlos. No es que estos conductores no confíen en sus coches, sino que toman decisiones prácticas basadas en los desafíos logísticos reales que aún existen en muchas rutas”.

Uno de los principales obstáculos es la denominada “ansiedad de carga”, es decir, el temor a quedarse sin batería durante el trayecto. A diferencia de las estaciones de servicio tradicionales, que suelen estar disponibles de forma regular en la mayoría de las carreteras, los puntos de recarga pueden ser más escasos en zonas rurales o en rutas menos transitadas. Además, la experiencia de uso no siempre es fiable.

“La ansiedad surge al intentar encontrar un cargador que funcione. Recibimos comentarios de clientes que se han topado con cargadores averiados, redes de carga incompatibles o estaciones ya ocupadas con largas esperas. Cuando estás a 320 kilómetros de casa, esa incertidumbre influye mucho en la decisión”, comenta Webster. Y a esta incertidumbre hay que añadir el tiempo necesario para recargar, que puede oscilar entre 30 y 60 minutos, frente a los pocos que requiere repostar un vehículo de combustión.

Una red de recarga muy dispar

Otro problema importante es la falta de uniformidad en la infraestructura de recarga. Aunque las principales autopistas y los entornos urbanos han experimentado un crecimiento considerable en el número de estaciones disponibles, la cobertura sigue siendo irregular. Esa inseguridad se incrementa a la hora de hacer viajes a lugares por los que el conductor no acostumbra a circular, algo que obliga a planificar con antelación cada desplazamiento. “Con un vehículo de gasolina, puedes modificar tu ruta sobre la marcha sin mayores preocupaciones. Los conductores de vehículos eléctricos necesitan planificar con más cuidado, ciñéndose a rutas predeterminadas donde se confirme la disponibilidad de puntos de recarga”, señala.

Por último, un factor que resulta muy condicionante es el relativo al impacto del clima en el rendimiento tanto de las baterías como de los procesos de recarga. Tanto el frío extremo como el calor intenso pueden reducir la eficiencia y la autonomía de los vehículos de cero emisiones, especialmente el primero, que ralentiza la química de la batería y aumenta el consumo energético debido a la calefacción del habitáculo. En condiciones invernales, un vehículo puede ver mermada de manera sensible su autonomía teórica, lo que de nuevo obliga a una mayor planificación y a hacer todavía más cálculos. El verano es mejor, pero tampoco mucho: “El calor también afecta la autonomía, aunque no tanto. Tanto el uso del aire acondicionado como las altas temperaturas reducen la eficiencia. Los conductores que planean viajes por carretera en verano a través de regiones desérticas deben tener esto en cuenta al planificar sus paradas para recargar”, explica Webster.