En las zonas eólicas del norte de Inglaterra y Escocia, los fuertes vientos llenan la red con más energía limpia de la que necesita. “Cuando el viento sopla demasiado fuerte… la red eléctrica del Reino Unido se llena de más energía limpia de la que necesita” y esa energía “no puede llegar a donde se necesita”, explica Octopus Energy, uno de los principales suministradores energéticos de Gran Bretaña"
Al formarse un cuello de botella, los operadores tienen que pedir a los aerogeneradores que reduzcan su producción (‘curtailment’) para estabilizar la red. Es una medida técnica. Como detalla RenewableUK, este recorte se hace para “mantener la estabilidad general” y evitar que un pico de generación sobrecargue la infraestructura eléctrica.

El coste de apagar aerogeneradores eólicos
Las turbinas eólicas del Reino Unido están concentradas en el norte (Escocia y Mar del Norte) donde sopla mucho viento, mientras que la mayor demanda eléctrica está en el sur. La red fue diseñada hace décadas para centrales de carbón y gas cerca de la costa, no para extraer energía de parques eólicos lejanos.
Con los vientos fuertes se produce un exceso de energía que no puede trasladarse al sur, provocando congestión. Técnicamente, la solución inmediata es el llamado ‘curtailment’: apagar aerogeneradores y encender plantas de gas que entren por puntos no congestionados. Esta estrategia ‘desperdicia’ energía eólica limpia, pero evita apagones.
El apagado de aerogeneradores no es barato. Según la operadora del sistema (National Grid ESO), los consumidores británicos pagarán más de 1.800 millones de libras en 2025 en “pagos por restricciones” para gestionar estos excedentes eólicos.
Octopus Energy calcula que solo en 2025 el Reino Unido malgastó unos 1.470 millones de libras al apagar turbinas y reactivar plantas de gas. A modo de contexto, en 2024 estos pagos ascendieron a alrededor de 1.000 millones de libras. En otras palabras, hoy se pagan casi 2.000 millones de libras (2.300 millones de euros) al año solo para recortar producción renovable.
Estos costes acaban cargados en las facturas domésticas. Por ejemplo, Ofgem estima que actualmente cada hogar abona unas 15 libras al año (un poco más de 17 euros) en concepto de pagos de restricción. Y la tendencia no mejora: el regulador británico advierte que, si no se amplía la red, estos pagos podrían superar 12.000 millones de libras anuales para 2030.

Implicaciones en la red y los consumidores
La mayor parte de los pagos por restricciones van a plantas de gas, no a los parques eólicos. De hecho, datos de NESO indican que casi el 76 % de esos pagos se destina a compensar a centrales de gas que cubren la demanda supliendo la energía ‘apagada’ en el norte, y solo un 24 % a aerogeneradores.
Sin embargo, los titulares suelen resaltar el “coste eólico”, generando polémica. El efecto real es más amplio: los consumidores pagan doble (o incluso triple) para parar viento y encender gas al mismo tiempo. Esto encarece el coste energético global y hace más difícil que baje la factura eléctrica.
Para afrontar el problema, Reino Unido está impulsando fuertes inversiones en la red eléctrica. En diciembre de 2025, Ofgem aprobó adelantar proyectos de “superautopistas” eléctricas: nuevos cables de alta tensión (por ejemplo, los enlaces Eastern Green Link) que conectarán las turbinas del norte con las ciudades del sur mucho antes de lo previsto.
Se ha anunciado un programa de inversiones de decenas de miles de millones de libras en líneas de transporte eléctrico. Por ejemplo, unos 10.300 millones de libras se dedicarán a reforzar la red de alta tensión para ampliar su capacidad. Ofgem estima que adelantar estos proyectos podría ahorrar entre 3.000 y 6.000 millones de libras a los consumidores evitando gran parte de los 2.000 millones de libras anuales en pagos por restricciones.
Mientras tanto, los operadores y reguladores exploran otras soluciones técnicas: almacenamiento de energía y producción de hidrógeno renovable para aprovechar los vientos fuertes, y cambios de mercado (por ejemplo, precios zonales) para incentivar más demanda en el norte.
Pero la conclusión general es la misma: hay que invertir en la infraestructura de red. Como resume un informe de Euronews, “el problema no es solo producir energía limpia: es incorporarla a la red”. Hasta que la red mejore, el Reino Unido seguirá quemando energía eólica gratis, con su correspondiente coste energético, para mantener estable el sistema.