Europa puede estar entrando en una nueva fase de su transición energética. Después de años preguntándose si tendría suficiente gas almacenado para superar el invierno, el crecimiento de la energía solar y eólica está empezando a plantear una cuestión diferente: ¿cuánto gas necesita realmente Europa?
La generación combinada de solar y eólica está en camino de superar en 2026 a la electricidad producida con gas durante el periodo más largo registrado hasta ahora, según un análisis de Reuters basado en datos de Ember. Durante amplios periodos de 2025 y 2026, ambas tecnologías ya han conseguido igualar o producir más electricidad que las centrales de gas.
El cambio resulta todavía más significativo al observar lo ocurrido con la potencia instalada. Hace aproximadamente 25 años, Europa disponía de menos de 20 GW combinados de solar y eólica. Actualmente se aproxima a los 750 GW, mientras que la capacidad de generación mediante gas ronda los 400 GW. Europa tiene, por tanto, casi el doble de potencia solar y eólica instalada que de gas.

El gas empieza a perder meses de funcionamiento
Hace una década la situación era muy diferente. En 2016, las centrales de gas podían producir habitualmente más del doble de electricidad que la solar y la eólica combinadas. Actualmente, estas dos renovables generan aproximadamente entre 80 y 110 TWh mensuales durante determinados periodos, suficiente para desplazar progresivamente a las centrales térmicas.
El fenómeno es especialmente visible entre abril y octubre. Tradicionalmente, el consumo de gas destinado a producir electricidad disminuía durante primavera y verano, pero las centrales seguían ocupando un papel importante. Ahora ese periodo de menor utilización está creciendo.
Eso tiene consecuencias más allá de las emisiones. Cada TWh producido mediante sol o viento puede reducir la necesidad de quemar gas importado y disminuye la exposición europea a los precios internacionales del combustible.
La transformación ya aparece también en las estadísticas comunitarias. Durante el primer trimestre de 2026, el 45,5% de la electricidad generada en la Unión Europea procedió de fuentes renovables, frente al 42,7% del mismo periodo de 2025.

España muestra hasta dónde puede llegar la solar
España es uno de los ejemplos más claros de esta transformación. En mayo de 2026, la energía fotovoltaica fue por segundo mes consecutivo la primera tecnología del sistema eléctrico español y alcanzó un récord histórico: el 28,5% de toda la generación eléctrica del país. Las renovables aportaron conjuntamente el 60,5%.
Pero producir cada vez más electricidad renovable genera un nuevo desafío. El problema comienza a desplazarse desde la generación hacia la capacidad para almacenar, transportar y consumir esa electricidad cuando está disponible.
Y aquí el coche eléctrico puede tener un papel mucho mayor de lo que aparenta.

Millones de coches eléctricos pueden convertirse en parte de la red
Una flota creciente de vehículos eléctricos supone una enorme demanda energética, pero también puede transformarse en una herramienta para gestionar los excedentes solares.
La carga inteligente permite desplazar el consumo hacia las horas en las que existe mucha producción renovable. Y con la carga bidireccional o V2G, los coches pueden ir más lejos: almacenar electricidad y devolver posteriormente parte de ella a la red durante los momentos de mayor demanda.
La propia Comisión Europea considera que la carga bidireccional permite utilizar los vehículos eléctricos como almacenamiento energético distribuido, ayudando a integrar más renovables y aportando flexibilidad al sistema.
Esto no significa que Europa pueda prescindir inmediatamente del gas. Las centrales térmicas continúan siendo importantes durante episodios de baja producción renovable, picos de consumo o inviernos especialmente exigentes.
Pero el cambio estructural ya resulta difícil de ignorar: Europa ha construido tanta capacidad solar y eólica que el debate empieza a dejar de ser únicamente cómo garantizar el suministro de gas para centrarse en cómo aprovechar toda la electricidad renovable que puede producir. Y millones de coches eléctricos conectados a la red podrían terminar siendo una pieza inesperadamente importante de esa transición.