Atravesar 3.400 kilómetros de hielo antártico sin recurrir a motores de combustión para avanzar. Ese es el desafío de la expedición española Trineo de Viento Antártida 2026-2027, una iniciativa que combina energía eólica, tecnología fotovoltaica e investigación científica para alcanzar algunas de las regiones más inaccesibles del planeta.
La expedición, enmarcada en la XL Campaña de Investigación Antártica española, tiene una duración prevista de 80 días y está liderada por Ramón Larramendi, explorador polar y creador del vehículo. El equipo partió de España el 18 de octubre y tiene previsto regresar a comienzos de febrero de 2027.

Veinte cometas para recorrer 3.400 kilómetros
Su objetivo va más allá de demostrar que es posible desplazarse por el continente helado aprovechando el viento. El Trineo de Viento servirá como laboratorio móvil para desarrollar 16 proyectos científicos que necesitan recoger datos directamente sobre el terreno.
El sistema diseñado por Larramendi prescinde de un motor para la propulsión. En su lugar, emplea grandes cometas de tracción que aprovechan los vientos antárticos para arrastrar el vehículo sobre sus patines.
La expedición dispone de 20 cometas con superficies de entre 5 y 150 metros cuadrados. Los tripulantes seleccionan las más adecuadas según las condiciones meteorológicas, ya que la intensidad del viento determina tanto la capacidad de avance como las posibilidades de controlar el sistema.
En condiciones favorables, el trineo puede alcanzar puntualmente los 80 km/h, aunque su velocidad media prevista ronda los 25 km/h. La prioridad no es alcanzar grandes velocidades, sino transportar personas, suministros e instrumentos científicos durante largas distancias con una dependencia mínima de los combustibles.
La electricidad necesaria para alimentar los equipos de investigación procede de paneles solares. Así, el viento proporciona la energía para avanzar y la fotovoltaica permite mantener operativa la instrumentación.
Conviene precisar que la ausencia de emisiones se refiere a la propulsión del vehículo, no necesariamente a todas las actividades de los expedicionarios. El sistema elimina el combustible fósil necesario para desplazarse, aunque la logística de una travesía polar puede requerir otros consumos energéticos.

Un laboratorio móvil de 15 metros
Una expedición que quiere demostrar cómo un sistema de transporte impulsado por energías renovables puede ampliar las posibilidades de la investigación polar. Su éxito dependerá tanto de la fiabilidad del vehículo como de las condiciones meteorológicas y de la capacidad del equipo para operar durante semanas en uno de los entornos más exigentes del planeta.
El Trineo de Viento está formado por cuatro módulos y mide aproximadamente 15 metros de longitud. Su capacidad máxima de carga alcanza los 2.100 kilos, mientras que la instrumentación científica prevista para el inicio de la expedición ronda los 250 kilos.
La configuración incluye espacios para alojar a los cuatro integrantes, controlar las cometas, desarrollar tareas científicas y transportar el material necesario para completar la travesía.
Además de Larramendi, el equipo está integrado por Hilo Moreno, guía polar y técnico de montaña; Mariusz Potocki, científico de la Universidad de Maine, en Estados Unidos; y Javier Selva, responsable de documentar la expedición.
El concepto tampoco parte de cero. Las distintas versiones del vehículo han recorrido ya más de 28.000 kilómetros sobre el hielo en expediciones por el Ártico y la Antártida. Esa experiencia previa constituye la base tecnológica de la nueva campaña.

Dieciséis proyectos para estudiar el hielo y los contaminantes
La principal aportación de la expedición será la obtención de datos científicos en zonas alejadas de las bases permanentes. Las mediciones sobre el terreno permitirán complementar la información obtenida por satélite y ampliar el conocimiento de la meseta antártica.
Entre las investigaciones previstas figuran el análisis de la composición del hielo, la detección de microplásticos y compuestos químicos persistentes y la búsqueda de señales de vida microbiana en condiciones extremas.
Otros proyectos estudiarán procesos relacionados con el cambio climático, el magnetismo terrestre y el funcionamiento de los sistemas europeos de navegación por satélite Galileo. También se analizarán los efectos del aislamiento y del frío extremo sobre la salud física y psicológica de los cuatro tripulantes.

La misión incorpora, además, instrumentación y tecnologías utilizadas en investigaciones relacionadas con la exploración de Marte. Las condiciones de aislamiento, las dificultades logísticas y la hostilidad ambiental de la Antártida convierten este territorio en un escenario útil para ensayar procedimientos y equipos destinados a futuras misiones espaciales.
En el programa participan organismos de investigación como el CSIC, el CIEMAT y el INTA, seis universidades españolas e instituciones internacionales, entre ellas la NASA, la Universidad de Maine y el Consejo Nacional de Investigación de Italia.

Una ruta por los lugares más remotos del continente
El recorrido previsto comienza cerca de la base rusa de Novolazárevskaya, en la Tierra de la Reina Maud, y termina en la estación Concordia, situada en Domo C, en el interior de la meseta antártica.
Durante la travesía, el equipo realizará cinco paradas prolongadas para efectuar mediciones, desarrollar experimentos y recoger muestras. La ruta contempla el paso por el Polo de Inaccesibilidad, situado a unos 3.700 metros de altitud y considerado uno de los puntos más remotos del continente.
También se acercará a la base de Vostok, en la región conocida como el Polo del Frío, donde se han registrado algunas de las temperaturas más bajas de la Tierra.