Uno de los avances más llamativos en el mundo de la bicicleta eléctrica no tenía que ver con más potencia ni con baterías de mayor capacidad, sino con eliminar por completo el cable de carga. Sin embargo, ese prometedor sistema acaba de encontrarse con un obstáculo inesperado.
La startup holandesa Tiler, responsable de un innovador cargador inalámbrico para ebikes, se ha declarado en quiebra, según medios especializados del sector. La noticia supone un golpe para una tecnología que aspiraba a simplificar radicalmente la experiencia de carga.
Cómo funcionaba el sistema

La propuesta de Tiler partía de una idea desarrollada a partir de una patente de la Delft University of Technology. El sistema integraba una bobina transmisora en una baldosa instalada en el suelo y otra receptora en la pata de cabra de la bicicleta.
El funcionamiento era sencillo: el usuario estacionaba la bici eléctrica, bajaba la pata de apoyo sobre la base y la batería comenzaba a cargarse automáticamente mediante inducción magnética. Sin enchufes, sin cables y sin necesidad de una alineación milimétrica.
La solución resultaba especialmente atractiva para flotas de bicicletas compartidas, operadores de alquiler y usuarios de bicicletas de carga que necesitan recargas frecuentes y ágiles.
Del entusiasmo a la dificultad financiera

Tras varios años de desarrollo, la compañía lanzó su primer producto certificado para clientes empresariales, el Tiler Uno. Aunque la tecnología funcionaba correctamente, los costes de producción eran elevados y los márgenes reducidos, lo que limitó su adopción a operadores concretos.
En 2025, durante la feria Eurobike, la empresa presentó el Tiler Compact, una versión más accesible y orientada al consumidor doméstico, especialmente para bicicletas eléctricas de gama alta y modelos de carga. Más de un centenar de minoristas en Países Bajos y Bélgica habrían realizado pedidos anticipados.
El objetivo final era crear incluso una red de puntos de carga inalámbrica urbanos, un concepto similar al de las plataformas de carga para teléfonos móviles, pero aplicado a la movilidad eléctrica ligera.
La deuda frena el crecimiento
El problema no ha sido técnico, sino financiero. Préstamos adquiridos durante las primeras fases de desarrollo, incluidos algunos respaldados por el Gobierno, habrían resultado imposibles de reestructurar. Según las informaciones publicadas, potenciales inversores se mostraron reticentes a inyectar capital si este se destinaba principalmente a cubrir deudas anteriores en lugar de escalar el negocio.
Pese a la declaración de quiebra, el fundador Olivier Coops ha manifestado su intención de buscar una reactivación de la compañía. Las conversaciones con administradores concursales y posibles financiadores siguen abiertas, con la meta de entregar los pedidos pendientes antes de que finalice el año.
Una innovación con futuro incierto
La carga inalámbrica no es imprescindible para las bicicletas eléctricas, pero sí representa un avance en comodidad y reducción de fricción para el usuario. Del mismo modo que muchos prefieren dejar el móvil sobre una base de carga sin conectar cables, la posibilidad de cargar una ebike simplemente al apoyarla podría cambiar hábitos en el día a día.
Por ahora, esta prometedora innovación espera una solución financiera que le permita retomar el camino. La conexión magnética funcionaba; la económica, de momento, no.