Durante años, el coche ha sido considerado un gasto inevitable para cualquier conductor: combustible, mantenimiento, seguros, depreciación, etc. Tradicionalmente el automóvil ha perdido valor desde que sale del concesionario, pero la llegada de los coches eléctricos supone un punto de inflexión, ya que es la primera vez que el vehículo puede hacer ganar dinero al propietario. ¿Cómo? Devolviendo electricidad a la red.
El último ejemplo de esto llega desde Países Bajos, concretamente en Utrecht, donde la compañía WeDriveSolar, en colaboración con Renault, está poniendo en práctica un modelo que convierte al coche eléctrico en una fuente directa de ingresos para los conductores.

Desde mediados de 2025, una flota inicial de 500 vehículos eléctricos Renault participa en un ecosistema basado en tecnología Vehicle-to-Grid (V2G), un sistema que permite a los coches no solo consumir electricidad para desplazarse, sino también devolver energía a la red cuando resulta necesario.
Un sistema sencillo que aporta beneficios económicos
La idea detrás del V2G es relativamente sencilla, aunque sus implicaciones económicas son considerables. Los coches permanecen aparcados la mayor parte del tiempo, y durante esas horas pueden actuar como pequeñas baterías capaces de almacenar electricidad cuando la demanda es baja o cuando existe un excedente de producción renovable. Posteriormente, esa energía puede devolverse a la red en momentos de alta demanda, ayudando a estabilizar el sistema eléctrico y generando ingresos para el propietario del vehículo.
Según los cálculos de WeDriveSolar basados en sus programas piloto, un coche equipado con tecnología V2G puede generar entre 700 y 800 euros anuales gracias a la venta de energía a la red. A esa cifra se suma el ahorro habitual asociado al uso de un vehículo eléctrico frente a uno de gasolina, estimado en hasta 1.400 euros al año entre combustible y costes operativos. En conjunto, el beneficio económico potencial ronda los 2.200 euros anuales por vehículo.
La compañía considera que este modelo puede modificar profundamente la percepción del automóvil eléctrico. “Lo que estamos viendo en Utrecht es un cambio de paradigma real: el coche eléctrico deja de ser una carga financiera y pasa a formar parte de la infraestructura energética”, explica Robin Berg, CEO de WeDriveSolar. “Hemos demostrado que escalar este modelo es posible y que la movilidad eléctrica puede aportar valor económico y sistémico de forma tangible”, añade.
Las previsiones a largo plazo son ambiciosas. Si la tecnología V2G logra implantarse de forma masiva en Europa, el ahorro conjunto derivado de este sistema podría alcanzar los 22.000 millones de euros anuales en 2040. Ese impacto no solo estaría relacionado con el menor gasto en combustible fósil, sino también con la capacidad de los coches eléctricos para reducir costes de gestión de la red eléctrica y facilitar una mayor integración de energías renovables.
Distintos tipos de tecnología
Uno de los aspectos que hay que tener en cuenta es que no todas las tecnologías bidireccionales ofrecen las mismas capacidades. Actualmente existen distintas soluciones asociadas a la carga bidireccional. El sistema V2L (Vehicle-to-Load) permite utilizar el coche para alimentar dispositivos eléctricos externos, mientras que el V2H (Vehicle-to-Home) hace posible suministrar energía a una vivienda. Sin embargo, el V2G va un paso más allá porque establece una conexión directa con la red eléctrica y permite recibir compensación económica por la electricidad vertida al sistema.

Para ello es necesario utilizar estándares avanzados de comunicación y gestión energética, como el ISO 15118-20, además de cargadores compatibles y plataformas capaces de coordinar miles de vehículos de forma simultánea. Esto supone un reto considerable.
En España, el despliegue del V2G todavía se encuentra en una fase inicial, aunque ya existe una hoja de ruta definida. WeDriveSolar prevé comenzar las primeras pruebas orientadas a empresas a finales de 2026, con una expansión más amplia a partir de 2027. La intención es que posteriormente la tecnología también pueda llegar a usuarios particulares, aunque para ello apunta que será necesario adaptar tanto la infraestructura eléctrica como el marco regulatorio.
