El grupo automovilístico Geely está valorando dar un paso más en su estrategia europea mediante una colaboración más estrecha con Volvo Cars. Su presidente, Li Shufu, ha planteado la posibilidad de fabricar modelos de marcas chinas del grupo directamente en fábricas europeas de Volvo.
La propuesta llega en un momento especialmente delicado para la industria del automóvil, marcado por un exceso de capacidad productiva a nivel global. Según el propio directivo, aprovechar infraestructuras compartidas podría ser clave para mejorar la eficiencia y adaptarse a la nueva realidad del mercado.
Europa como pieza clave en la estrategia de Geely

Lejos de apostar únicamente por la exportación desde China, Geely quiere reforzar su presencia en Europa mediante la producción local. “No creemos en fabricar solo en China y exportar; apostamos por la localización”, señaló Li Shufu, dejando clara la hoja de ruta del grupo.
Esta estrategia cobra aún más sentido en un contexto de tensiones comerciales y aranceles, que dificultan la competitividad de los vehículos importados. Fabricar en Europa permitiría al grupo sortear estas barreras y posicionarse mejor frente a los fabricantes tradicionales del continente.
Fábricas compartidas para ganar eficiencia
Por su parte, el consejero delegado de Volvo, Hakan Samuelsson, confirmó que las plantas europeas de la marca, incluida una nueva fábrica en construcción en Eslovaquia, podrían acoger la producción de vehículos de otras marcas del grupo.
Actualmente, la colaboración entre ambas compañías ya es significativa. Volvo produce vehículos en China utilizando instalaciones de Geely, mientras que Polestar también se beneficia de esta red industrial global. Además, Volvo ha asumido recientemente el papel de importador exclusivo en Europa de los modelos de Lynk & Co, otra firma del conglomerado chino.
El reto de los aranceles y la regulación

Uno de los factores que impulsa este movimiento es el actual entorno regulatorio. Samuelsson ha sido claro al respecto: los aranceles han llegado para quedarse y las marcas deben adaptarse a ellos. En este sentido, compartir fábricas y recursos aparece como una solución lógica para mantener la competitividad.
A esto se suma la incertidumbre en mercados clave como Estados Unidos, donde Volvo espera una decisión sobre si podrá seguir vendiendo vehículos con software desarrollado en China. Este país representa cerca del 17% de sus ventas globales, por lo que cualquier restricción podría tener un impacto significativo.
Presión de inversores y necesidad de resultados
El anuncio también se produce en un contexto de presión por parte de los inversores minoritarios de Volvo, que han mostrado preocupación por los resultados recientes y han reclamado una estrategia más clara por parte de su propietario.
La posible integración productiva con Geely podría interpretarse como una respuesta a estas inquietudes, al buscar sinergias que mejoren la rentabilidad y optimicen recursos en un momento de transición hacia la electrificación.
Un nuevo equilibrio en la industria global
La iniciativa de Geely refleja una tendencia creciente en la industria: la necesidad de colaborar entre marcas para afrontar desafíos como la electrificación, la sobrecapacidad y la presión regulatoria.
Si se materializa, esta colaboración reforzada con Volvo Cars podría redefinir la presencia del grupo chino en Europa y acelerar su integración en uno de los mercados más competitivos del mundo.