La cartera física tiene los días contados en Europa. La Unión Europea ha acelerado el desarrollo de la futura identidad digital comunitaria y prevé que a partir de 2027 los ciudadanos puedan llevar en el móvil documentos oficiales como el DNI o el carnet de conducir con plena validez legal.
El proyecto, conocido como EUDI Wallet (European Digital Identity Wallet), forma parte de la estrategia de digitalización europea y pretende crear un sistema común de identificación electrónica válido en los 27 países miembros.
La idea es sencilla, pero transformadora: utilizar el teléfono móvil para identificarse, acceder a servicios públicos, realizar trámites administrativos o acreditar información personal sin necesidad de portar documentación física.
Qué documentos podrán guardarse en el móvil

La futura cartera digital europea no se limitará únicamente al DNI. El objetivo de Bruselas es convertir el móvil en un auténtico centro de documentación personal digital.
Entre los documentos previstos figuran el documento nacional de identidad, el carnet de conducir, la tarjeta sanitaria, certificados oficiales, títulos académicos y otros documentos administrativos.
Todos ellos estarán verificados por las autoridades públicas correspondientes y tendrán reconocimiento legal en toda la Unión Europea.
Además, uno de los aspectos más destacados del sistema será el control selectivo de los datos. Por ejemplo, una persona podrá demostrar únicamente que es mayor de edad sin necesidad de mostrar toda la información contenida en su documento de identidad.
Una identidad digital válida en toda Europa

Uno de los grandes objetivos del proyecto es eliminar las barreras digitales entre países europeos.
Actualmente, muchos sistemas nacionales de identificación electrónica no funcionan fuera de sus fronteras o requieren procedimientos complejos. Con la nueva cartera digital, un ciudadano español podrá identificarse o realizar trámites en otros países europeos utilizando exactamente la misma aplicación.
La Comisión Europea considera que esta interoperabilidad será fundamental para facilitar viajes, gestiones bancarias, servicios públicos digitales y operaciones administrativas en todo el territorio comunitario.
También se espera que la identidad digital impulse sectores como la banca online, el alquiler de vehículos, las universidades o las plataformas de servicios digitales.
El documento físico seguirá existiendo
Pese al avance de la digitalización, Bruselas no prevé eliminar de inmediato los documentos físicos.
Durante varios años convivirán ambas opciones para garantizar que todos los ciudadanos puedan seguir utilizando sus documentos tradicionales, especialmente quienes tengan menos acceso o familiaridad con la tecnología.
Sin embargo, la tendencia apunta claramente hacia el uso masivo del móvil como principal herramienta de identificación cotidiana.
Las dudas sobre privacidad y seguridad
La implantación de la identidad digital europea también ha abierto un intenso debate sobre privacidad y ciberseguridad.
Centralizar tanta información sensible en un único dispositivo genera inquietud entre expertos y ciudadanos. Las principales dudas giran en torno a posibles robos de datos, pérdida del teléfono o accesos no autorizados.
Desde la Unión Europea insisten en que el sistema incorporará protocolos avanzados de cifrado y autenticación para garantizar la protección de la información personal.
Además, el usuario mantendrá el control sobre qué datos comparte y cuándo lo hace, evitando exposiciones innecesarias de información privada.
España ya avanza hacia la documentación digital
España ya ha iniciado parte de este proceso con herramientas como MiDGT, que permite llevar el carnet de conducir en formato digital, o mediante los sistemas actuales de identificación electrónica de la Administración.
La futura EUDI Wallet integrará y ampliará estas soluciones dentro de una infraestructura común europea.
El despliegue comenzará de forma más visible durante 2026 y la previsión es que la mayoría de países tengan el sistema operativo de forma generalizada a partir de 2027.
Con ello, Europa da un paso decisivo hacia una nueva forma de gestionar la identidad y la relación digital entre ciudadanos, empresas y administraciones.