Cuando Fisker Inc. se declaró en quiebra en junio de 2024, dejó desamparados a unos 11.000 propietarios del SUV eléctrico Ocean. Estos usuarios se encontraron con vehículos que habían costado entre 40.000 y 70.000 dólares, pero que carecían de garantía, actualizaciones remotas y servicios conectados. Ante la perspectiva de quedarse con un coche inservible, la comunidad decidió tomar el control directo de los componentes de sus automóviles.
Unos 4.000 propietarios se han coordinado para fundar la Fisker Owners Association (FOA), una organización sin ánimo de lucro que opera como una entidad de asistencia técnica. En lugar de abandonar los vehículos, los usuarios se aliaron con expertos para descodificar el software del propietario, intervenir las redes de comunicación internas de los coches y gestionar el suministro de componentes mecánicos esenciales.
Descodificación de redes de datos y clonación de llaves magnéticas

La intervención en la estructura del coche se ha centrado en el mapeo de los archivos de comunicación del bus CAN (Controller Area Network), el sistema que interconecta las diferentes unidades de control electrónico del chasis. A través de la ingeniería inversa, los desarrolladores de la asociación han logrado acceder a la programación del vehículo para realizar diagnósticos independientes, eliminando la necesidad de las herramientas oficiales de los concesionarios que ya no existen. Un pequeño taller del Bronx se ha convertido en el bote salvavidas de piezas.
En el plano físico, la comunidad ha tenido que resolver problemas de suministro muy específicos, como el del acceso. El coche se entregaba originalmente con un único mando a distancia, y las unidades adicionales de repuesto llegaron a alcanzar precios de 1.000 dólares en el mercado. Mediante compras conjuntas coordinadas por la asociación, se logró negociar la adquisición de mandos adicionales y tarjetas con tecnología NFC por una fracción de ese coste original, además de asegurar el stock de pastillas de freno de alto rendimiento y parabrisas.
Médicos itinerantes y el bloqueo de la infraestructura en la nube

En Europa, la organización puso en marcha un programa de asistencia denominado Flying Doctors, donde los miembros con mayor cualificación técnica viajan entre regiones para realizar reparaciones físicas directas en los coches de otros usuarios. Mientras tanto, en Estados Unidos, la asociación logró personarse en los tribunales para asegurar que las campañas de llamadas a revisión por seguridad técnica se incluyeran en los fondos del proceso de quiebra.
El software central del coche fue desarrollado por el especialista Magna Steyr, empresa que también fabricaba los Ocean, así como otros proveedores, lo que impide modificar los sistemas críticos de seguridad. Sin embargo, la capa multimedia y de diagnóstico sí ha sido abierta. El ecosistema incluye proyectos en GitHub donde se ha replicado la interfaz de la aplicación móvil oficial para volcar los sensores del coche en plataformas domésticas de código abierto.
El intento de mantener la infraestructura original con la empresa American Lease, que adquirió la flota restante de vehículos, fracasó tras exigir esta última que la asociación asumiera el 58% de los costes operativos de la nube de Microsoft y la conectividad LTE. Al no ofrecer facturas detalladas, la negociación se rompió, lo que provocó la pérdida de las funciones remotas para los usuarios particulares y la paralización de una campaña de revisión de software pendiente.
Fuente: FOA