La llegada de coches eléctricos chinos cada vez más baratos ha obligado a Europa a revisar una carencia que arrastra desde hace años: la práctica desaparición del automóvil pequeño y asequible fabricado dentro de sus fronteras. Mientras las marcas asiáticas han ganado escala en baterías, componentes y producción, los fabricantes europeos han ido abandonando los segmentos de menor margen.
La respuesta comunitaria no se limita a los aranceles aprobados sobre determinados eléctricos importados desde China. Bruselas también quiere facilitar el desarrollo de modelos locales capaces de competir en precio, y ahí entra la futura categoría M1E: una fórmula pensada para reducir costes regulatorios y recuperar una oferta de coches eléctricos pequeños producidos en Europa.

Europa busca una alternativa propia al coche eléctrico barato chino
La Comisión Europea concluyó en su investigación sobre las importaciones de eléctricos chinos que su cadena de valor se beneficiaba de subvenciones consideradas desleales, lo que llevó a imponer derechos compensatorios de entre el 7,8% y el 35,3%. Sin embargo, ese mecanismo comercial no resuelve por sí solo el problema de fondo: Europa necesita fabricar vehículos eléctricos de acceso con costes más contenidos.
La categoría M1E se plantea dentro de los turismos convencionales, no como una alternativa a los coches sin carnet. Agruparía eléctricos puros de hasta 4,20 metros de longitud y mantendría los requisitos de seguridad aplicables a la categoría M1, aunque con un tratamiento específico para evitar que cada evolución normativa encarezca de forma desproporcionada los modelos más pequeños.
El objetivo es recortar una parte de la desventaja estructural de los fabricantes europeos frente a sus rivales chinos. La propuesta contempla incentivos vinculados a la fabricación dentro de la Unión Europea, de modo que las marcas que produzcan estos coches en territorio comunitario puedan beneficiarse de un cómputo más favorable en sus objetivos de emisiones de CO2.
La comparación con China es inevitable. Los vehículos fabricados allí ya superaban el 20% de las ventas europeas de eléctricos de batería en 2024, aunque no todos correspondían a marcas chinas. El dato refleja hasta qué punto el mercado europeo depende ya de una industria que ha logrado reducir costes con mayor volumen, integración de baterías y una cadena de suministro mucho más madura.
El precio será la prueba definitiva de la nueva categoría

La M1E puede ayudar a simplificar el desarrollo de coches eléctricos pequeños, pero no fija un precio máximo ni garantiza por sí sola modelos por debajo de los 15.000 euros. Esa cifra procede de los planes industriales de algunos fabricantes. Stellantis ha confirmado que prepara una plataforma e-car para 2028 con la que pretende lanzar un eléctrico producido en Europa por debajo de ese umbral.
El reto estará en trasladar esa reducción de costes a un coche que no quede limitado a trayectos cortos o exclusivamente urbanos. La regulación no establece todavía requisitos concretos de autonomía, potencia o carga rápida, por lo que serán las marcas quienes determinen hasta dónde llega el ajuste. La eficacia de la M1E dependerá, por tanto, de si permite acercarse al precio de los eléctricos chinos sin convertir el coche europeo de acceso en un producto con menos capacidad de uso.
Europa trata así de responder a una presión competitiva que ya afecta directamente a su industria. Los aranceles buscan corregir las condiciones de competencia de las importaciones, mientras que la M1E persigue reconstruir una oferta local que llevaba años perdiendo presencia. La diferencia estará en si los nuevos modelos consiguen ser realmente asequibles sin renunciar a la versatilidad que todavía exige buena parte del mercado europeo.