Volkswagen no está pasando por su mejor momento. Aunque las ventas de coches eléctricos siguen al alza, el mercado no ha respondido de la forma esperada. El gigante automovilístico alemán ha decidido acelerar su reestructuración interna para ganar competitividad. El consejero delegado del consorcio, Oliver Blume, ha detallado ante los inversores un plan que contempla la salida de 19.000 trabajadores en su mercado local antes de que termine el año en curso. Esta medida es el primer gran bloque de un objetivo vinculante mucho más ambicioso que fija la reducción de más de 28.000 puestos de trabajo de cara al año 2030.
La industria del automóvil en Europa afronta tensiones financieras severas por la caída de la demanda global, lo que obliga a las marcas tradicionales a rediseñar por completo su estructura de costes operativos. La prioridad de la dirección de la compañía pasa ahora por redimensionar sus plantas de producción y optimizar los procesos de ensamblaje para evitar la infrautilización de la maquinaria y de las líneas de montaje. El bache llega en un momento en el que cada vez son más los rumores sobre el interés de BYD por adquirir una de las fábricas inutilizadas de Volkswagen en Europa, o al menos una parte de ella.
Ajustes en la capacidad y optimización de las líneas de producción

El problema principal que afrontan los de Wolfsburgo radica en un desajuste estructural de su capacidad productiva. Antes de la pandemia, la infraestructura global del consorcio estaba técnicamente dimensionada para ensamblar unos 12 millones de vehículos al año. Sin embargo, la realidad del mercado actual ha obligado a rebajar las estimaciones a un volumen más realista de unos 9 millones de unidades anuales, una cifra acorde al ritmo de entregas reciente.
Para corregir esta brecha de eficiencia en las líneas de montaje, el grupo ya ha eliminado cerca de 2 millones de unidades de capacidad en sus redes de producción europeas y asiáticas durante los últimos dos años. A esta reducción de potencial industrial se sumará un ajuste adicional enfocado en retirar otras 500.000 unidades de capacidad en las factorías situadas en China, equilibrando la oferta mecánica con la demanda real.
Reducción de costes en los centros de fabricación alemanes

A pesar de la dureza de las cifras de empleo, la optimización técnica de los centros de fabricación ya arroja los primeros resultados económicos. El propio Blume ha confirmado a los accionistas que los costes directos de fábrica en las factorías alemanas se han reducido más de un 20% desde el ejercicio anterior. Este logro se ha conseguido gracias a la simplificación de procesos mecánicos y a la estandarización de componentes en las cadenas de montaje.
Las salidas de personal se están ejecutando de manera pactada mediante instrumentos laborales que evitan los despidos forzosos. El plan se apoya en prejubilaciones, contratos de relevo a tiempo parcial, bajas voluntarias incentivadas y la congelación de nuevas contrataciones. Mediante estos mecanismos y los acuerdos de negociación colectiva, la firma ya ha consolidado un ahorro neto sostenible de unos 1.000 millones de euros, con la meta técnica de alcanzar los 6.000 millones de euros en ahorros anuales netos para el inicio de la próxima década.
El impacto en las marcas del grupo y los nuevos objetivos financieros
Este rediseño productivo afecta de forma directa a la gestión industrial de las marcas clave del consorcio, incluyendo a la propia Volkswagen, Audi, Porsche y la división de desarrollo técnico de software CARIAD. El objetivo final de esta nueva estrategia es elevar el rendimiento operativo del grupo, buscando un margen de rentabilidad sobre las ventas de entre el 8% y el 10% para el año 2030, una meta que exige mantener a pleno rendimiento y sin tiempos muertos cada una de las prensas, talleres de pintura y líneas de ensamblaje final.