El aumento abrupto del precio de los carburantes que ha registrado España esta primera semana de marzo se ha convertido en una nueva pieza de la discusión pública sobre quién se beneficia realmente cuando los mercados se alteran.
Desde el propio sector, se responde a una pregunta clave. Si el combustible estaba en los depósitos de las estaciones de servicio antes del comienzo de la guerra en Irán, como es posible que el aumento de la gasolina y el diésel haya sido inmediato. Un empresario del sector de estaciones de servicio atribuye la escalada a prácticas comerciales de las petroleras y reclama transparencia sobre el proceso que fija los precios.

Joseba Barrenengoa, “son unos caraduras”
La escalada de precios comenzó apenas cuatro días después del ataque en Oriente Medio y se aceleró a un ritmo visible para el consumidor: las previsiones iniciales hablaban de subidas medias de unos 20 céntimos por litro, pero en poco tiempo la factura al surtidor reflejó incrementos de hasta 30 céntimos.
La explicación de un empresario del sector, dueño de una red de gasolineras low cost, responsable de la marca Easygas ,explica cómo, ante cada mínimo repunte del barril en los mercados internacionales, las compañías petroleras trasladan ese encarecimiento inmediatamente al precio final.
La cronología vincula directamente el repunte con un episodio bélico concreto: el aumento se produce tras el ataque atribuido a Estados Unidos y Israel contra Irán, lo que, en mercados tan sensibles como los energéticos, creó una reacción de precios cuya transmisión a la bomba ha sido, en opinión del empresario, excesivamente inmediata.
En su relato denuncia que las petroleras “cobran sobre mercancía almacenada”, es decir, aplican la subida a lotes que aún no han sido físicamente entregados, para mantener liquidez ante la volatilidad del precio del crudo. Esta práctica, según el empresario, penaliza al consumidor y provoca una aceleración al alza que luego no se revierte con la misma rapidez cuando el precio del petróleo cae.
Investigaciones anteriores a grandes compañías por acuerdos de precios desembocaron en multas impuestas por la CNMC. El empresario sostiene que, para algunas empresas, pagar sanciones puede resultar menos gravoso que renunciar a prácticas que consideran beneficiosas en el corto plazo.
En el análisis financiero se apunta que los márgenes de beneficio de las estaciones de servicio no son los principales impulsores del alza: en las gasolineras el margen suele situarse en torno al 10–15 % en los mejores escenarios, mientras que el peso de los impuestos mantiene una relación proporcional con el precio del litro. El resultado es que una subida del carburante tiene efectos inflacionistas claros y beneficia a actores muy concretos de la cadena de valor.

Aunque solo una fracción del petróleo que llega a España procede de zonas en tensión (menos del 5 %) , el temor y la especulación en los mercados internacionales se traducen en aumentos generalizados del precio doméstico. Para el propietario de la red low cost, esto supone un “juego sucio a los clientes” y una falta de proporcionalidad que exigirá, según advierte, una respuesta regulatoria y fiscal más firme si se pretende proteger al consumidor final.
A la espera de medidas estatales que atenúen el golpe en el bolsillo de los conductores, como pueden ser descuentos temporales, ayudas o congelaciones fiscales son algunas de las fórmulas sobre la mesa en debates públicos recientes, la cifra que mejor resume la sensación de urgencia: la gasolina se ha encarecido ya unos 30 céntimos en los días posteriores al conflicto, con incrementos que, según el empresario, se aproximan a los 7 céntimos diarios en la fase más intensa del repunte. Esa cifra, breve y contundente, es la que impulsa la crítica que da título a la información.