Uno de los grandes frenos para la expansión del coche eléctrico no es la autonomía ni el precio, sino algo mucho más cotidiano: dónde cargarlo. Quienes tienen una vivienda unifamiliar no tienen problemas para ello e incluso la normativa pone facilidades en los garajes comunitarios, pero en países como España, donde más del 70 % de los coches duerme en la calle, no disponer de garaje propio convierte la recarga en un problema práctico difícil de resolver.
No es algo exclusivo de nuestro país, pero mientras que aquí no parece darse con la clave para solventar la situación, en otros lugares como Reino Unido han decidido atacar directamente el problema con una solución que es tan simple como ingeniosa: utilizar la infraestructura urbana ya existente, en concreto las farolas, como puntos de recarga.

Aprovechar las infraestructuras que ya existen en la ciudad
En ciudades británicas como Londres, miles de éstas se han adaptado para permitir la conexión de vehículos eléctricos durante la noche, cuando los coches permanecen aparcados durante horas. La idea es replicar el mismo patrón de uso que tendría un usuario con garaje privado, pero trasladado al espacio público, en un horario en el que, por lo general, el movimiento es más limitado y la rotación en las plazas de aparcamiento es mínima.
Este modelo tiene varias ventajas clave. En primer lugar, reduce enormemente los costes de instalación, ya que aprovecha canalizaciones eléctricas existentes en lugar de requerir nuevas infraestructuras. Claro está, no se trata de puntos de carga rápidos, si no de carga lenta pensada para estar operando a potencias moderadas (unos 5 kW) a lo largo de periodos prolongados de tiempo, como toda la noche, lo que no implica picos de potencia altos, así que es relativamente sencillo conseguir el suministro para todos los vehículos que estén estacionados en una calle.
El segundo punto a favor es que permite desplegar una red de carga mucho más densa en zonas urbanas, acercando el punto de recarga al lugar donde realmente está el coche. La expansión de las infraestructuras hasta la fecha tiene un problema importante: el espacio. Instalar HUB con varias estaciones de recarga necesita muchos metros cuadrados, algo que no es tanto impedimento en las afueras o en las autopistas y autovías, pero de los que no se dispone en el centro de las ciudades. Esta alternativa no presenta ese inconveniente.
El ejemplo a seguir está en el extranjero
El éxito del sistema en Reino Unido no es casual. Responde a una estrategia más amplia que busca eliminar barreras de acceso al coche eléctrico. Según distintos análisis, este tipo de soluciones puede cubrir las necesidades de hasta un 30% de conductores que no tienen posibilidad de instalar un cargador en casa. Es decir, abre la puerta a que el coche eléctrico deje de ser una opción limitada a quienes disponen de plaza privada, lo que amplía considerablemente la cantidad de conductores que pueden plantearse en serio la posibilidad de dar el salto.
Portugal también ha comenzado a explorar este camino, con proyectos similares que están dando buenos resultados. Y otros países europeos, como Países Bajos, han ido incluso más allá con redes públicas muy extensas basadas en la demanda ciudadana. La idea de fondo es común: adaptar la infraestructura al usuario real.
El contraste con España es evidente. Aunque ha habido intentos puntuales, como el proyecto piloto de Valencia en 2021, han chocado con barreras regulatorias que impiden, por ejemplo, compartir la red eléctrica de las farolas para suministrar energía a vehículos. La normativa actual exige condiciones técnicas y comerciales que dificultan este tipo de soluciones, frenando su despliegue a gran escala.

