El invierno suele llevarse buena parte de la fama cuando se habla de problemas mecánicos del coche eléctrico relacionados con la temperatura, pero los meses más calurosos también ponen a prueba numerosos componentes del vehículo. El sistema de refrigeración trabaja con mayor exigencia, aumenta el uso del climatizador y elementos como la batería o los neumáticos quedan expuestos a condiciones especialmente duras.
Esta situación se hace todavía más evidente durante los grandes desplazamientos de verano, cuando se juntan temperaturas elevadas, muchas horas de funcionamiento y vehículos cargados. Mecánicos con décadas de experiencia señalan precisamente esta época del año como una de las más propensas a sacar a la luz problemas que llevaban tiempo desarrollándose, especialmente aquellos relacionados con la refrigeración y la batería.

El problema de la batería puede empezar meses antes de que el coche deje de arrancar
Uno de los casos menos intuitivos tiene que ver con la batería de 12 voltios. Aunque muchos fallos terminan apareciendo durante el invierno, las temperaturas elevadas pueden acelerar previamente su envejecimiento interno y, de hecho, VARTA, una de las principales proveedoras de este tipo de baterías, explica que el calor incrementa la actividad química y favorece procesos de deterioro y autodescarga que reducen progresivamente su vida útil.
Esto ayuda a explicar por qué algunas baterías aparentemente funcionan con normalidad durante el verano y terminan fallando meses después. Con temperaturas bajas disminuye su capacidad para entregar energía, mientras el arranque requiere un esfuerzo mayor, de modo que el invierno puede limitarse a revelar un desgaste que ya se había producido anteriormente.
La refrigeración es otro de los puntos críticos. Una pérdida de refrigerante, una bomba de agua deteriorada, problemas en el termostato o cualquier defecto que impida evacuar correctamente el calor puede terminar provocando un sobrecalentamiento. El RACE recuerda que un motor puede trabajar perfectamente con temperaturas exteriores elevadas siempre que su sistema de refrigeración se encuentre en buen estado.
Un fallo pequeño puede convertirse en una reparación mucho más seria
Antes de llegar a una avería importante suelen aparecer síntomas que permiten detectar el problema. Una temperatura superior a la habitual, pérdidas de refrigerante, el electroventilador funcionando de manera continua o un aire acondicionado que ha reducido notablemente su capacidad para enfriar son algunas señales que conviene comprobar antes de iniciar un desplazamiento largo.
Especial atención merece el sobrecalentamiento, ya que continuar circulando en esas condiciones puede multiplicar los daños. El RACE recomienda detener el vehículo en un lugar seguro cuando aparece el aviso de temperatura y apagar el motor, evitando manipular inmediatamente componentes del vano motor debido al riesgo de quemaduras.

Tampoco deben quedar fuera de la revisión los neumáticos. La presión varía con la temperatura ambiente y Continental cifra en unos 1,6 PSI el incremento que puede producirse por cada 10 ºC adicionales. La comprobación debe realizarse con los neumáticos fríos y utilizando siempre como referencia la presión indicada por el fabricante del vehículo.
El verano, por tanto, no genera necesariamente todas estas averías desde cero, pero sí puede acelerar el deterioro de componentes que ya se encontraban cerca de su límite. Revisar batería, refrigerante, neumáticos y climatización antes de afrontar varios cientos de kilómetros permite detectar muchos de estos problemas cuando todavía pueden solucionarse sin que terminen inmovilizando el coche.