Bastan apenas unos minutos para que un control de tráfico deje de ser efectivo. Los avisos que millones de conductores comparten en Google Maps y Waze están obligando a los Mossos d'Esquadra a cambiar una estrategia que llevaba años funcionando en las carreteras catalanas.
Ante esta situación, la policá autonómica de Catañula apuesta por controles más breves y cambiantes, una fórmula con la que pretenden dificultar que los conductores puedan evitarlos siguiendo las indicaciones de estas aplicaciones.

Los avisos llegan antes que los agentes
Los Mossos reconocen que la rapidez con la que circula la información a través de los navegadores ha obligado a replantear la forma de trabajar.
Cuando un conductor detecta un control policial puede comunicarlo mediante la propia aplicación y, pocos minutos después, el resto de usuarios recibe el aviso en sus dispositivos. Esto ocurre especialmente en controles de alcoholemia, drogas o radares móviles instalados de forma puntual.
Como consecuencia, muchos conductores modifican su recorrido para evitar pasar por ese punto, reduciendo considerablemente la eficacia de los controles estáticos que anteriormente podían mantenerse durante varias horas.
La nueva estrategia: moverse antes de que llegue el siguiente aviso

Para adaptarse a esta nueva realidad, los Mossos están desplegando controles de menor duración y cambiando con mayor frecuencia su ubicación.
La estrategia consiste en realizar varios dispositivos en diferentes puntos de una misma zona durante un corto espacio de tiempo. De este modo, aunque las aplicaciones señalen la presencia policial, los avisos terminan mostrando distintos puntos y resulta más difícil anticipar dónde se encuentra realmente el control en cada momento.
Con este sistema, la policía autonómica busca mantener el efecto disuasorio y evitar que los conductores utilicen los navegadores como herramienta para eludir la vigilancia.
Este fenómeno no afecta únicamente a Cataluña. Cada vez más cuerpos policiales europeos estudian cómo adaptar sus controles al auge de las aplicaciones colaborativas, capaces de avisar de incidencias o presencia policial en cuestión de segundos.
Algunos conductores buscan rutas alternativas

Los Mossos también han detectado otro efecto derivado del uso de estas aplicaciones. Según explican, algunos conductores que circulan bajo los efectos del alcohol o las drogas optan por desviarse hacia carreteras secundarias o caminos para evitar los controles anunciados.
Este comportamiento puede aumentar el riesgo de accidente, ya que muchas de estas vías presentan peores condiciones de seguridad que las carreteras principales y no están preparadas para absorber un tráfico elevado.
La tecnología también ayuda a investigar los accidentes
La misma tecnología que complica los controles también aporta nuevas herramientas. Los avances tecnológicos también están facilitando el trabajo de los equipos de investigación de accidentes.
Los vehículos más modernos incorporan sistemas capaces de registrar información sobre los instantes previos a un siniestro, como la velocidad, el uso de los intermitentes, las maniobras realizadas o diferentes parámetros del funcionamiento del vehículo.
Estos datos permiten a los investigadores reconstruir con mayor precisión cómo se produjo el accidente y contrastar la información obtenida sobre el terreno con los registros electrónicos del automóvil.
Una vigilancia que evoluciona al ritmo de la tecnología
La expansión de los navegadores colaborativos está transformando tanto los hábitos de los conductores como las estrategias de las autoridades de tráfico.
Lo que hasta hace pocos años era una herramienta para informar de accidentes o retenciones se ha convertido también en un elemento que condiciona el trabajo policial. El reto para los cuerpos de tráfico ya no consiste únicamente en vigilar las carreteras, sino en hacerlo en un entorno donde la información circula prácticamente a la misma velocidad que los vehículos.