Josep Maria Recasens, presidente de Anfac y director general de Renault Group Iberia, ha reclamado que Europa avance hacia una regulación “racional y acompasada” con los tiempos de la industria del automóvil. En su intervención, ha defendido que el objetivo debe ser construir un mercado doméstico sólido que permita sostener inversión, empleo y competitividad en plena transición tecnológica.
El máximo responsable de la patronal de fabricantes ha insistido en que la escala es hoy una debilidad europea frente a potencias que juegan con ventaja. Recasens ha remarcado que China, por sí sola, vende más coches que Europa y Estados Unidos juntos, una realidad que, en su opinión, condiciona la capacidad de la industria europea para competir en costes, velocidad de desarrollo y atracción de proyectos.

La factura de la regulación
En ese contexto, Recasens ha puesto el foco en el esfuerzo interno que exige adaptarse a los cambios normativos. Ha señalado que en Renault uno de cada cuatro ingenieros trabaja en ajustar los vehículos a nuevas reglamentaciones, un gasto que, a su juicio, resta recursos a lo que considera prioritario, innovar más y ser más competitivos en producto y tecnología.
El dirigente de Anfac también ha descrito una Europa “estancada” en términos de producción. Según sus cifras, en los últimos cinco años las fábricas europeas han perdido hasta cuatro millones de vehículos, mientras que España habría dejado de fabricar alrededor de 400.000 coches respecto a los niveles previos a la pandemia, con 2019 como referencia.
En paralelo, ha dibujado un mercado español que mejora, pero todavía no recupera el pulso de antes. Recasens ha apuntado que España ha vuelto a las 800.000 matriculaciones, aunque sigue lejos del volumen precovid, y ha subrayado que el debate no se limita a vender más. Ha planteado una pregunta de fondo que afecta a toda la cadena de valor, dónde se van a conducir y, sobre todo, dónde se van a fabricar los 15 a 17 millones de coches que se venden cada año en Europa.
Para el presidente de Anfac, la respuesta pasa por sostener la electrificación sin perder de vista el impacto industrial. Ha defendido que Europa debe apoyar el cambio hacia el vehículo eléctrico y ha recordado que en España ya representa el 20% de las ventas totales, aun admitiendo que la transición puede generar inestabilidades en el sector.

Recasens ha cerrado su mensaje con una idea de ritmo y resistencia, no de sprint. Ha afirmado que nadie dijo que el mercado sería 100% electrificado en cinco años y ha definido el proceso como una maratón en la que los fabricantes europeos, ha asegurado, van a defender el peso de un sector que considera clave para el progreso y el bienestar social en Europa.
