El hidrógeno lleva años señalado como uno de los pilares potenciales de la transición energética, pero su producción sigue limitada por costes elevados, consumo intensivo de energía y dependencia de agua purificada.
En ese contexto, un equipo de la Universidad de Sídney ha desarrollado un método alternativo que busca superar esas barreras utilizando luz solar y metal líquido.

Agua del mar, luz, galio y reutilizable
El avance, publicado el 10 de febrero de 2026, plantea un sistema capaz de generar hidrógeno a partir tanto de agua dulce como de agua de mar, lo que amplía de forma significativa su aplicabilidad frente a tecnologías convencionales.
El proceso se basa en el uso de galio, un metal con bajo punto de fusión que puede operar en estado líquido cerca de la temperatura ambiente. En el experimento, pequeñas partículas o gotas de galio se introducen en agua y se exponen a la luz (solar o artificial), lo que activa una reacción química en su superficie.
La clave está en el comportamiento fototérmico del sistema. La luz calienta el galio y desencadena una oxidación en la interfaz entre el metal y el agua. Como resultado, se genera hidrógeno y un subproducto, el oxihidróxido de galio.
Tal y como se indica en la publicación de la revista científica Nature, la radiación cumple una doble función: no solo aporta energía térmica, sino que también rompe la capa de óxido que se forma de manera natural sobre el metal, permitiendo que la reacción continúe de forma sostenida.

Uno de los aspectos más relevantes del sistema es su carácter circular. El oxihidróxido generado puede reducirse posteriormente para regenerar el galio original, lo que permite reutilizar el material en ciclos sucesivos. Este planteamiento reduce el consumo de recursos y mejora la viabilidad potencial del proceso a largo plazo.
Frente a métodos tradicionales como la electrólisis, que requieren electricidad y, en muchos casos, agua tratada, este sistema elimina ambas dependencias. La posibilidad de trabajar directamente con agua de mar evita la necesidad de desalinización, uno de los factores que encarecen la producción de hidrógeno verde.
En términos de rendimiento, el equipo ha alcanzado una eficiencia máxima del 12,9 % en condiciones experimentales. Aunque esta cifra todavía se sitúa lejos de los estándares necesarios para su despliegue industrial, los investigadores la consideran competitiva dentro de una tecnología en fase inicial.
El desarrollo ha sido liderado por el profesor Kourosh Kalantar-Zadeh, de la Escuela de Ingeniería Química y Biomolecular, y su equipo, que plantea este sistema como una nueva vía para “extraer” hidrógeno directamente del agua mediante procesos más simples y potencialmente escalables.

Más allá de la eficiencia actual, el valor del avance reside en el cambio de enfoque. El método demuestra que es posible producir hidrógeno sin recurrir a infraestructuras complejas ni a insumos limitados, apoyándose únicamente en tres elementos abundantes o accesibles: agua, incluida la marina, luz y un metal reutilizable.
El equipo ya trabaja en mejorar el rendimiento y avanzar hacia sistemas de mayor escala. El objetivo es comprobar si esta tecnología puede evolucionar desde una prueba de laboratorio hacia una solución industrial viable.