Josu Jon Imaz, consejero delegado de Repsol, ha querido trasladar un mensaje claro en plena tensión del mercado por Oriente Medio y el estrecho de Ormuz, una zona conflictiva para el transporte mundial de petróleo. La compañía asegura que está preparada para abastecer a la economía española incluso en un escenario complicado, pero advierte de que Europa puede tener más problemas con productos como el diésel y el combustible de aviación.

España parte con una ventaja: refina dentro
La explicación de Repsol es clara. España cuenta con un sistema de refino más robusto que el de otros países europeos, gracias a las inversiones realizadas durante años por compañías como Repsol, Moeve o BP. Eso permite transformar crudo en productos esenciales para la economía, como gasolina, diésel o queroseno, sin depender tanto de suministros refinados desde fuera.
Imaz ha asegurado que Repsol está preparada para cubrir las necesidades españolas con los productos que produce. La compañía también ha defendido que dispone de suficiente capacidad de almacenamiento y producción para garantizar su parte del suministro de queroseno en España durante 2026, incluso con margen adicional si la situación exterior empeora.
El punto débil está en el resto de Europa
La advertencia llega cuando el mercado europeo de destilados medios vuelve a estar bajo presión. El diésel y el combustible de aviación son especialmente sensibles porque no dependen solo del precio del crudo, sino también de la capacidad de refino disponible y de las rutas de suministro.

Ahí Imaz ha sido más prudente. Repsol no ve un riesgo inmediato para España, pero sí preocupación por la capacidad de algunos países europeos para asegurar determinados productos si la crisis se recrudece. Reuters recoge que el directivo también apuntó a las paradas en refinerías rusas como un riesgo relevante para el mercado europeo de destilados medios.
El queroseno se convierte en producto estratégico
La aviación aparece como uno de los sectores más expuestos. Repsol ha incrementado su producción de combustible de aviación y ya está vendiendo queroseno fuera de España, en mercados como París y otros aeropuertos europeos.

La lectura es doble. Por un lado, la compañía aprovecha una oportunidad comercial en un mercado tensionado. Por otro, demuestra que el refino español puede convertirse en una pieza de apoyo para países con más dificultades de suministro.
En sus resultados del primer semestre, Repsol destacó que España afronta la escasez de productos, especialmente diésel y queroseno, desde una posición más fuerte que el resto de Europa. La compañía obtuvo un resultado neto de 2.201 millones de euros en el primer semestre de 2026.
Una crisis que recuerda el valor del refino
El debate llega en un momento incómodo para Europa. La transición energética avanza, pero la economía todavía depende de combustibles líquidos para transporte pesado, aviación, maquinaria, logística y buena parte de la movilidad diaria.
Eso no frena la electrificación, pero sí obliga a mirar la seguridad de suministro con realismo. Mientras el coche eléctrico, los biocombustibles, el hidrógeno o los combustibles sintéticos ganan terreno, el refino sigue siendo una infraestructura crítica.
La advertencia de Repsol resume bien esa tensión: España puede estar razonablemente protegida, pero Europa no debería dar por garantizado que siempre habrá diésel y queroseno suficientes cuando el mercado internacional se agita.