Santiago Niño Becerra alerta sobre el precio de la gasolina: “No se está hablando de un tema básico” que influye tanto como el petróleo

El prestigioso economista pone el foco el motivo por el que se encarecen la gasolina y el diésel y explica por qué la factura de los conductores no depende solo del petróleo.

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Las rebajas temporales del Impuesto sobre Hidrocarburos buscan amortiguar el impacto de las subidas energéticas en el bolsillo de los consumidores. Gemini
16/10/2026 05:00
Actualizado a 16/10/2026 05:00
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El precio de los carburantes vuelve a preocupar a los conductores. El encarecimiento de la energía repercute directamente en el coste de llenar el depósito y obliga a prestar atención no solo a la evolución del petróleo, sino también a los impuestos que se aplican en las gasolineras.

En este contexto, el economista Santiago Niño Becerra ha señalado un aspecto que considera fundamental para entender cuánto pagan los consumidores por los carburantes: el peso de la fiscalidad en el precio final.

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El coste de cada repostaje depende tanto de la evolución de los carburantes como de los impuestos aplicados.

Italia y Alemania soportan una carga fiscal superior a España

Niño Becerra analiza el precio de la gasolina desde una perspectiva más amplia. La cotización internacional del crudo, los costes de refino, el transporte y la distribución son elementos determinantes, pero la fiscalidad también condiciona el importe que aparece en el surtidor.

“No se está hablando de un tema básico: el porcentaje que suponen los impuestos y las tasas sobre el precio que se paga en la gasolinera”, advierte. Su reflexión pone el foco en la diferencia entre el coste de los carburantes y el importe que finalmente abona el conductor. La cotización del petróleo influye en el precio de la gasolina y el diésel, pero no es el único factor que determina su evolución.

Para ilustrar su argumento, Niño Becerra compara el peso de los impuestos sobre el gasóleo en varios países europeos. Según los porcentajes que cita, la carga fiscal alcanza el 50 % en Italia, el 48 % en Alemania, el 45 % en Austria, el 44 % en Portugal y el 43 % en España.

Estas cifras sitúan a España por debajo de los otros cuatro países de la comparación. Sin embargo, no significan que el precio final del combustible sea necesariamente más bajo en los países con una mayor carga fiscal, ya que también influyen el coste de la materia prima, el refino, la distribución y los márgenes comerciales.

Además, los porcentajes pueden variar con el precio del carburante y los cambios normativos. Por ello, deben interpretarse como los datos utilizados por el economista para plantear su reflexión, no como una proporción fija aplicable a cualquier momento.

Qué impuestos se pagan por la gasolina y el diésel en España

En España, el precio de los carburantes incorpora principalmente dos figuras tributarias: el Impuesto Especial sobre Hidrocarburos y el impuesto sobre el valor añadido (IVA).

El IVA tiene un tipo general del 21 %. El Impuesto Especial sobre Hidrocarburos, por su parte, aplica una tributación específica a los combustibles, con importes que dependen del producto y de la normativa vigente.

La suma de ambos impuestos representa una parte importante del precio final que pagan los conductores. Por eso, cualquier modificación fiscal puede influir en el coste del repostaje, aunque su efecto concreto depende de la medida aprobada y de cómo se traslade al precio de venta.

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La fiscalidad del gasóleo varía entre países europeos y condiciona el importe que pagan los conductores.

Una rebaja fiscal temporal para contener los precios

La fiscalidad de los carburantes también ha sido objeto de medidas extraordinarias para intentar limitar el impacto del encarecimiento de la energía.

El Real Decreto-ley 18/2026 aprobó una reducción temporal de los tipos del Impuesto Especial sobre Hidrocarburos durante julio, agosto y septiembre. Para septiembre, la rebaja general prevista era de cinco céntimos por litro, con reducciones superiores si se cumplían determinadas condiciones vinculadas a la evolución del índice de precios de consumo (IPC).

Estas medidas buscaban aliviar el gasto de los consumidores en un periodo de presión sobre los precios energéticos. No obstante, una rebaja fiscal no garantiza por sí sola que el precio final disminuya exactamente en la misma cuantía, ya que también intervienen la evolución de los mercados y los costes de la cadena de suministro.

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