Lo habitual en un cuadro de bicicleta es que el triángulo trasero sea común para todas las tallas existentes. Dependiendo de la estatura del ciclista, los cuadros van aumentando sus dismensiones para ir adaptando su morfología a los distintos usuarios: por ejemplo, el triágulo delantero o principal aumenta en todas sus dimensiones, para dar cabida a usuarios de mayor o menor envergadura
De esa manera, no solamente un ciclista está más cómodo: también se pretende conseguir un rendimiento óptimo en cualquier escenario. Sin embargo, no son todos los fabricantes los que han dado un paso más allá para lograr un comportamiento 'top' de las bicicletas sea cual sea la talla de las mismas: porque que aumenten sus dimesiones no implica que se cambien todas la cotas del cuadro, permaneciendo invariadas otras cotas que pueden ser determinantes.
Cannondale y Santa Cruz, los mejores ejemplos
Quizás son estas dos marcas las más relevantes dentro de esta corriente que estamos tratando: y es que son de las pocas que modifican CASI TODAS las cotas de sus cuadros de bicicletas eléctricas (y de las 'pulmonares' también) dependiendo de las tallas en cuestión.

Y es que, como decíamos al principo, lo habitual es que el triángulo trasero se mantenga fijo en cuanto a dimensiones, sea cual sea la talla del cuadro, así como el del sillín y otras medidas (longitud tubo de dirección).

Pero los dos fabricantes norteamericanos han entendido que es mejor variar las dimensiones de las vainas y ángulo real del sillín para aportar un comportamiento óptimo. Cannondale ha bautizado este tipo de diseño como Proportional Response (respuesta proporcional) y Santa Cruz como Proportional Geometry (geometría proporcional).

Para ahondar en dicho concepto y que haya una talla para cada usuario, Santa Cruz ofrece hasta cinco tallas diferentes. Cannondale, por su parte, mantiene la oferta casi estandarizada de cuatro tallas.
Beneficios sobre el papel de adaptar también las vainas a las diferentes tallas
Lógicamente lo que se persigue es conseguir una respuesta de la bicicleta, sea cual sea la talla, idéntica para todos los usuarios. Modificando la longitud de las vainas se consigue un reparto de pesos más centrado, lo que hace que el centro de gravedad se mantenga prácticamente inalterado en cualquier talla.
Por ejemplo, si una bicicleta mantiene la longitud de las vainas o rear center (distancia entre el eje del pedalier y el eje de la rueda trasera) pero modifica el front center (distancia entre el eje de pedalier y el eje de la rueda delantera) como consecuencia de agrandar o empequeñecer el triángulo delantero, el peso del ciclista se coloca en diferentes posiciones: en las tallas grandes se irá adelantando y en las pequeñas retrasando.

Eso, según los ideólogos/defensores de las geometrías diferenciadas (o proporcionales), es contraproducente, haciendo que la experiencia de conducción con una bicicleta más grande sea distinta o otra más pequeña. Y es que si adelantamos el peso, perderemos tracción y haremos que la dirección sea más lenta, y si retrasamos el peso corremos el riesgo de tener una bicicleta muy ligera (nerviosa) de delante.
Con un triángulo trasero adaptado a cada ciclista, el comportamiento se mantiene inalterado al mantener, aproximadamente, el centro de gravedad en el mismo sitio.

Habitualmente, para compensar dicha variación del triángulo trasero (y que hace que el ciclista vaya siempre centrado en la bicicleta), el ángulo del sillín real del sillín se modifica, haciendo que de esa manera el ángulo efectivo del sillín (el formado entre la línea imaginaria que une el eje de pedalier con el centro del sillín) sea el mismo en todas las tallas: otro detalle más de las 'geometrías proporcionales'.
'Peros' de la geometría proporcional
En principio, a nivel comportamiento no le encontramos fallos, pero para muchos fabricantes es un desafío más que no están (de momento) dispuestos a asumir. ¿Por qué? Pues por la complejidad y el encarecimiento de la fabricación.
Si los fabricantes a la hora de diseñar sus bicicletas mantienen las medidas del triángulo trasero, lógicamente abaratan en costes (materiales, moldes) a la hora de fabricar sus cuadros.

Por otro lado, si hablamos de bicicletas de doble suspensión, la cinemática de la misma, a la hora de variar las medidas de las vainas, puede cambiar, por lo que hay que ajustarla para cada medida de cuadro, lo que hace que este proceso sea más engorroso a la hora de diseñar, con un plantemiento diferente para cada talla (y más horas de trabajo que ya sabemos dónde se repercuten).
¿Hay opciones intermedias?
Vemos que la mayoría de los fabricantes mantienen las geometrías habituales, es decir, con triángulos traseros idénticos para todas las tallas. Y el comportamiento es, generalmente, impecable. Evidentemente, el planteamiento de las geometrías proporcionales es bueno pero no significa que sea la única manera de tener un comportamiento 'top'.

Y es que el encarecimiento en el diseño y en la producción de las geometrías proporcionales parece ser el mayor hándicap. Es por ello que hay marcas, como Specialized, que están apostando por un camino intermedio. Han desarrollado lo que han llamado S-Sizing y es una mayor oferta en el tallaje, aún manteniendo las dimesiones del triángulo trasero.
Lo habitual en bicicletas eléctricas, a día de hoy, es que el número de tallas oscile entre tres y cuatro, pocas para el rango de estaturas tan grande que existe (desde 150/155 cm hasta.... el infinito). Pues bien, la habitual catalogación S/M/L/XL ha sido rebautizada por Specialized como S1, S2, S3, S4, S5 y S6.

Pero esto va más allá: la firma norteamericana ha modificado muchas cotas para que diferentes tallas sirvan para la misma estatura: por eso ha desdoblado su escala en seis. Y eso, ¿qué quiere decir? Pues que, por ejemplo, ha modificado también la altura del pedalier y la medida del tubo de dirección, permitiendo que un mismo usuario pueda elegir varias tallas diferentes, que tendrán comportamientos distintos.
Y pone un ejemplo para ello: un ciclista que mida 170 cm puede elegir entre las tallas S2, S3 o S4. Si lo que busca es un comportamiento ágil y ratonero, debería decantarse por la talla S2 (más compacta). Si, por el contrario, prefiere una bicicleta más estable, ideal para bajar, debería hacerse con la S4 (más larga).
Specialized ha ido un poco contracorriente: en lugar de buscar un comportamiento idéntico en todas las tallas, ha querido que un usuario pueda elegir diferentes rendimientos en función de sus gustos. Si a eso le sumamos que muchos de sus modelos ofrecen diferentes opciones para personalizar la geometría (distintas cazoletas de dirección, flip-chips en los cuadros...), las opciones de ajustar cada bicicleta a nuestras preferencias se amplifican.
Conclusión
Lo que está claro es que hay diferentes caminos para conseguir que nuestras bicicletas eléctricas tengan un comportamiento ideal. De momento, el que se estructuren las tallas en tres o cuatro opciones, con los triángulos traseros idénticos es la solución más habitual que ofrece un buen rendimiento sin que los diseñadores se quemen la cabeza.

Pero cada vez se ven opciones diferentes que tratan de buscar un comportamiento más adecuado, algo que siempre es bienvenido, a pesar de los desafíos para fabricar cuadros con tantas variaciones. Es por ello que la opción de Specialized nos parece muy acertada al variar solamente el triángulo delantero en muchas más opciones, sin alterar el trasero. Veremos por dónde va el mercado en los próximos tiempos.