La electrificación no es algo exclusivo del transporte. Está presente en multitud de sectores, entre ellos algunos a los que el ciudadano promedio no presta mucha atención, como es el de la maquinaria pesada. El avance en esta industria es rápido, pero no todas las baterías sirven para todos los usos. Las que impulsan estas máquinas no pueden compararse directamente con las de los coches eléctricos, ya que las diferencias en tamaño, uso y exigencias operativas hacen necesario desarrollar soluciones específicas para cada función.
El informe “Batteries for Construction, Agriculture, & Mining Machines 2026-2036: Technologies, Players, Forecasts” de IDTechEx analiza el mercado a nivel global, detallando tendencias y usos tanto presentes como que llegarán a lo largo de la próxima década.

Una demanda eléctrica al alza
Según el estudio, la demanda global de baterías para maquinaria pesada crecerá de forma significativa hasta alcanzar los 45 GWh en 2036. Este crecimiento responde a varios factores: la necesidad de reducir emisiones, el ahorro en costes operativos y la mejora de las condiciones de trabajo. Frente a los motores diésel, las máquinas eléctricas eliminan emisiones locales de gases contaminantes, reducen el ruido, la vibración y el calor, y permiten un entorno laboral más seguro y eficiente. Además de ese beneficio para los trabajadores, el uso de electricidad frente a combustibles fósiles implica menores costes energéticos y de mantenimiento, lo que mejora el coste total de propiedad, lo que interesa a los propietarios.
Este cambio ha impulsado a grandes fabricantes como Caterpillar, Komatsu, John Deere o XCMG a invertir en el desarrollo de modelos eléctricos. Entre los diversos sectores, la construcción lidera la electrificación, algo que se debe en gran parte a la presión regulatoria en entornos urbanos, mientras que la minería y la agricultura avanzan a un ritmo más gradual.
Un mercado enorme y variado
Uno de los principales retos a los que se enfrenta el sector es la enorme diversidad de máquinas. No es lo mismo electrificar una miniexcavadora de menos de seis toneladas, que opera unas pocas horas al día, que un camión minero de más de 200 toneladas que funciona prácticamente sin descanso. Esta variabilidad obliga a diseñar baterías con capacidades que van desde los 10 kWh hasta los 2 MWh, cifras impensables dentro del sector de los turismos, pero también a optimizar parámetros de lo más variopintos como la densidad energética, la potencia, la velocidad de carga, la vida útil o el coste.
Hasta ahora, el sector ha seguido en gran medida el camino de la automoción, utilizando baterías de iones de litio con químicas como NMC y LFP. Estas tecnologías, aunque ya están maduras, son de fácil acceso y cubren muchas de las necesidades actuales, no son la solución universal. Cada aplicación requiere un equilibrio distinto entre rendimiento, coste y durabilidad, así que es necesario utilizar un tipo específico en cada caso.
En minería la prioridad suele ser maximizar la vida útil y minimizar los tiempos de inactividad. En este contexto, según el informe tecnologías como el óxido de titanato de litio (LTO) cobran especial relevancia. Aunque presentan una menor densidad energética y un coste más elevado, destacan por su capacidad de carga ultrarrápida y una vida útil que puede alcanzar hasta 20.000 ciclos.
En construcción, donde se combinan picos de potencia con cierta flexibilidad operativa, las baterías NMC y LFP siguen siendo predominantes. Su equilibrio entre densidad energética, coste y rendimiento permite adaptarse a equipos de distintos tamaños, desde maquinaria ligera hasta equipos más pesados.
Por su parte, la agricultura presenta necesidades específicas marcadas por la estacionalidad y las largas jornadas de trabajo. Aquí, factores como la fiabilidad, el bajo mantenimiento y el coste adquieren mayor importancia, lo que favorece el uso de tecnologías robustas y económicas como las baterías LFP.
Mirando al futuro, el informe señala que nuevas tecnologías comenzarán a ganar protagonismo en la próxima década. Entre ellas destacan las baterías con ánodos de silicio, las de estado sólido y las de sodio-ion. Las primeras prometen una mayor densidad energética, mientras que las de sodio-ion podrían ofrecer una alternativa más económica con prestaciones similares a las LFP.

