La economía global, y con ella el sector logístico, se encuentra en medio de una transformación profunda y estructural. No hablamos de una tendencia pasajera ni de una adaptación cosmética a nuevas exigencias regulatorias. Hablamos de un cambio de paradigma. Integrar la sostenibilidad y la acción climática en la actividad empresarial ya no es opcional: es imprescindible.
El impacto del transporte en las emisiones globales es un hecho incontestable. Según datos del MIT, el transporte de mercancías representa entre el 8 % y el 11 % de las emisiones mundiales de CO₂. Dentro de este porcentaje, el transporte por carretera concentra una parte significativa, con 2.200 millones de toneladas en 2021 y una fuerte dependencia del diésel. Estos números no son solo estadísticas: son una llamada a la acción.
La descarbonización del transporte por carretera será un proceso largo, probablemente de dos o tres décadas. No basta con sustituir camiones diésel por vehículos de cero emisiones. Es necesario ampliar la infraestructura de recarga, reforzar la red eléctrica y garantizar un suministro energético suficiente y estable en Europa. La transformación es sistémica.
El mayor impacto comienza por algo aparentemente sencillo: la eficiencia. Cada kilómetro en vacío evitado, cada mejora en la utilización de la capacidad de carga, cada optimización de rutas reduce emisiones y mejora la rentabilidad. Sostenibilidad y competitividad no son conceptos opuestos; son, cada vez más, dos caras de la misma moneda.
Este enfoque estratégico se articula a través del programa DACHSER Climate Protection, que sitúa la expansión de la movilidad eléctrica en el centro de nuestra hoja de ruta para el transporte por carretera. No se trata de adoptar tecnología por imagen o por presión externa, sino de hacerlo con visión a largo plazo y con responsabilidad intergeneracional.
Hace más de diez años dimos nuestros primeros pasos en movilidad eléctrica. Uno de los proyectos pioneros fue “El Carrito”, una pequeña furgoneta eléctrica que operaba desde un microhub en el centro histórico de Málaga. Puede parecer anecdótico, pero simboliza algo fundamental: la innovación empieza muchas veces en pequeño. Aquella iniciativa marcó el inicio de un camino que hoy continúa a gran escala.
Posteriormente, el programa DACHSER Free Emssion Delivery Zone permitió realizar entregas urbanas sin emisiones mediante bicicletas de carga y camiones eléctricos. En 2019 incorporamos los primeros Mercedes-Benz eActros para reforzar la flota eléctrica pesada. Más adelante, modelos como el Volvo FH Electric demostraron que la movilidad eléctrica también puede ser viable en rutas más largas y en operaciones continuas, siempre que exista la infraestructura adecuada. Hoy, el compromiso se traduce en hechos: gracias a este programa, la empresa ya opera con entregas de cero emisiones en más de cinco ciudades de Iberia.
El siguiente paso ha sido la integración de tractoras ultrabajas como el MAN eTGX, capaces de operar con megatrailers y transportar hasta 67 palés en doble piso, así como la incorporación del Mercedes-Benz eActros 600, con autonomías que amplían significativamente las posibilidades operativas del transporte eléctrico de larga distancia.
Pero más allá de los modelos concretos, lo verdaderamente relevante es el enfoque. La movilidad eléctrica funciona tanto a pequeña como a gran escala si se aborda desde la experimentación real y la mejora continua. Por eso hemos impulsado centros específicos de movilidad eléctrica donde probamos, medimos y optimizamos en condiciones reales: desde la infraestructura de recarga hasta la gestión inteligente de la carga y el mantenimiento.
La acción climática integrada no se impone de un día para otro. Se construye con decisiones coherentes, inversiones sostenidas y una visión estratégica clara. Empieza en lo local, en lo operativo, en lo cotidiano. Y desde ahí escala a toda la red.
La transición energética en la logística no será sencilla. Requerirá colaboración público-privada, marcos regulatorios estables y un compromiso firme por parte de todos los actores de la cadena de valor. Pero no hay alternativa. La inacción tiene un coste ambiental, económico y reputacional mucho mayor.
Hoy más que nunca, la logística está en movimiento. Y ese movimiento debe ser también un movimiento hacia un modelo más eficiente, más limpio y más resiliente. No porque sea tendencia, sino porque es nuestra responsabilidad.