Volvo está en una nueva era para sus coches eléctricos, que empezó con el EX30 y continúa ahora con el EX60. Aunque sea un vehículo más grande, según la evaluación de ciclo de vida elaborada por la marca, el nuevo SUV eléctrico iguala el nivel de emisiones logrado por el EX30, que hasta ahora era el modelo más eficiente de la compañía desde el punto de vista ambiental.
La compañía sueca publica un informe de huella de carbono con cada nuevo modelo eléctrico, un análisis que contempla todas las fases del ciclo de vida del vehículo, desde la extracción y el refinado de las materias primas hasta el reciclaje al final de su vida útil, incluyendo un recorrido estimado de 200.000 kilómetros durante la fase de utilización. Este enfoque permite medir el impacto climático más allá de las emisiones directas de circulación, inexistentes en un vehículo eléctrico, e incorpora también el efecto de la producción de materiales, la fabricación de componentes, el ensamblaje y la electricidad utilizada para recargar la batería.

Menos de 30 toneladas de CO2
El EX30 se convirtió en el primer modelo eléctrico de la marca con una huella de carbono inferior a las 30 toneladas de CO2 durante todo su ciclo de vida. La versión equipada con batería LFP (litio, hierro y fosfato) registra 23 toneladas de CO2, mientras que la variante Long Range con batería NMC alcanza las 28 toneladas. Estas cifras representan una reducción del 35 % respecto a vehículos equivalentes de generaciones anteriores, gracias a mejoras en la obtención de materias primas, la eficiencia energética de la producción, el consumo eléctrico durante el uso y el reciclaje al final de la vida útil.
El EX60 mantiene ese nivel de emisiones pese a sus mayores dimensiones: la versión básica, equipada con una batería de 83 kWh, alcanza una huella de carbono de 23 toneladas de CO2 durante todo su ciclo de vida, equivalente a 117 g/km. Si el vehículo se recarga exclusivamente con electricidad de origen eólico, esa cifra desciende hasta los 92 g/km, lo que supone una reducción adicional del 21 %.
Parte de esta mejora se atribuye a nuevas soluciones de fabricación y diseño, como son el mega casting, sistema que permite fabricar el suelo trasero de aluminio como una única pieza, reduciendo materiales y procesos de ensamblaje, arquitectura de batería cell-to-body, en la que las propias celdas forman parte de la estructura del vehículo, la mayor utilización de energías renovables durante la producción y el incremento del empleo de materiales reciclados. Todo esto permite reducir un 26 % las emisiones respecto a un escenario de producción sin estas tecnologías, lo que equivale a evitar alrededor de 8 toneladas de CO2 por vehículo a lo largo de los 200.000 kilómetros considerados en el estudio.
La importancia de los materiales reciclados
Además, los materiales continúan siendo uno de los principales focos de actuación. El aluminio, el acero, el hierro y los polímeros representan la mayor parte de la huella de carbono asociada a la fabricación de un automóvil eléctrico. En el EX60, el aluminio supone el 22 % del peso del vehículo, pero aumenta significativamente la proporción de material reciclado, que pasa del 31 % presente en el EX30 al 49 %. También crece ligeramente el porcentaje de aluminio producido mediante procesos de bajas emisiones, del 32 % al 34 %.
La evolución también alcanza al acero y al hierro, que representan el 38 % del vehículo. En este caso, el contenido reciclado aumenta desde el 17,5 % utilizado en el EX30 hasta el 29 % en el EX60. Los polímeros presentan un enfoque diferente: el nuevo modelo incorpora un 13 % de plásticos reciclados y un 7 % de origen biológico, mientras que el EX30 utilizaba un 19 % de polímeros reciclados. En otros componentes estratégicos, como los materiales de cátodos y ánodos de la batería, el contenido reciclado alcanza el 30 %, mientras que el cobre empleado incorpora un 17 % de material reciclado.

