Alemania no quiere limitarse a observar cómo China y otros países asiáticos toman la delantera en la transformación del automóvil. El canciller Friedrich Merz ha dejado claro que el objetivo de la principal industria del país debe ser recuperar una posición de liderazgo mundial en una etapa marcada por el coche eléctrico, el software y una competencia internacional cada vez más intensa.
Merz defendió que Alemania debe seguir figurando entre los principales centros mundiales de desarrollo y producción de automóviles. El mensaje llegaba en un momento especialmente complejo para Volkswagen, BMW y Mercedes-Benz, presionados por la rápida expansión de los fabricantes chinos, una guerra de precios especialmente dura en China y los elevados costes de la transición hacia el vehículo eléctrico.

Alemania no quiere limitarse a seguir la transformación
El canciller añadió que Alemania quiere aprovechar las oportunidades que ofrece esa transformación tanto para su industria automovilística como para el conjunto de la economía del país. La transcripción oficial del Gobierno alemán recoge además que su objetivo es que Alemania continúe estando entre los principales centros automovilísticos y de producción del mundo.
Merz también definió el automóvil como una “industria clave” para Alemania. No es una consideración menor: el sector sigue siendo uno de los principales motores industriales del país, concentra cientos de miles de empleos directos e indirectos y constituye uno de sus mayores sectores exportadores. El canciller defendió por ello mejores condiciones para que fabricantes y proveedores puedan invertir, desarrollar nuevas tecnologías y mantener la producción dentro de Alemania.
El Gobierno alemán prometió además trabajar junto a fabricantes, proveedores, estados federados y sindicatos en un diálogo específico sobre el futuro del automóvil. Merz aseguró que el Ejecutivo se situaría al lado de la industria para mejorar su competitividad y favorecer nuevas inversiones.

China ha cambiado las reglas para los fabricantes alemanes
La necesidad de recuperar el liderazgo tiene mucho que ver con la transformación que ha experimentado el mercado mundial. Durante décadas, los fabricantes alemanes estuvieron entre los grandes beneficiados del crecimiento del mercado chino. Ahora, sin embargo, son marcas locales como BYD, Geely o distintos fabricantes especializados en vehículos eléctricos las que han elevado considerablemente la presión competitiva.
Reuters señalaba durante aquella IAA que las compañías europeas estaban afrontando simultáneamente una guerra de precios en China, una demanda europea más débil y nuevas barreras comerciales en Estados Unidos. Los fabricantes chinos, por su parte, habían conseguido avanzar rápidamente en campos como las baterías, el software y los coches eléctricos asequibles.
Merz no planteó su discurso como una petición de cerrar el mercado alemán a los competidores extranjeros. Su mensaje se centró en la necesidad de que la industria del país vuelva a ser capaz de competir tecnológicamente y de desarrollar por sí misma los productos que marcarán el futuro del automóvil.

“La industria del automóvil es y seguirá siendo una industria clave”, aseguró el canciller. Su objetivo, explicó, pasa por crear una industria moderna y progresivamente más respetuosa con el clima sin renunciar a la producción, el empleo y el valor añadido que genera dentro de Alemania.
La advertencia sigue teniendo especial relevancia en un momento en el que los fabricantes alemanes están llevando a cabo importantes programas de reducción de costes y reestructuración. Volkswagen, por ejemplo, continúa buscando fórmulas para mejorar la competitividad de sus fábricas alemanas mientras los sindicatos reclaman inversiones y protección frente a lo que consideran competencia desleal procedente de China.