La industria de la automoción y el mundo en general asiste a una de las colaboraciones más llamativas del momento. Tras un pre-lanzamiento en el mes de marzo, el Freelander 8 ha hecho su primera aparición pública en China. Su llegada representa el debut comercial y tangible de la alianza estratégica entre el gigante local Chery y Jaguar Land Rover, quienes han decidido rescatar una denominación histórica para posicionarla en el exigente segmento de los todoterrenos de altas prestaciones.
El proyecto es una realidad comercial que aprovecha una infraestructura de fabricación valorada en 12.000 millones de yuanes, lo que equivale a unos 1.540 millones de euros. Mediante esta inversión y la localización de la producción, la empresa conjunta busca estabilizar y expandir su cuota de mercado en la región, ofreciendo soluciones mecánicas avanzadas y una habitabilidad interior dispuesta en una configuración de seis asientos. El nuevo Freelander llegará a Europa en cuestión de meses.
Una arquitectura eléctrica de 800 voltios

El Freelander 8 se asienta sobre una arquitectura eléctrica especializada de alta tensión de 800 voltios. El sistema de propulsión elegido es de tipo híbrido de autonomía extendida, conocido técnicamente como EREV. En este esquema mecánico, el protagonismo inicial recae sobre una batería desarrollada en colaboración con el especialista CATL, que cuenta con una capacidad de 60,331 kWh. Gracias a ella homologa una autonomía puramente eléctrica de 221 kilómetros (CLTC) antes de que sea necesaria la intervención del motor térmico.
Para asegurar que las recargas sean lo más breves posibles, la plataforma soporta un rendimiento de carga de hasta 6C. Esto se traduce en una capacidad máxima de absorción de energía de 350 kW en tomas de corriente continua. Esta potencia de carga es más propia de coches 100% eléctricos que de híbridos. En condiciones ideales el 8 de Freelander será capaz de recuperar casi el 100% de su autonomía eléctrica en cuestión de minutos. La pila ha sido diseñada específicamente para mitigar el estrés de los componentes y garantizar la máxima eficiencia durante los ciclos de alta potencia.
El motor térmico como generador de energía

Sin embargo, llegará un momento en el que la energía acumulada en las celdas de la batería se agote, es entonces cuando entra en funcionamiento el propulsor de combustión interna. Lejos de mover directamente las ruedas, este motor actúa exclusivamente como un generador de electricidad a bordo para alimentar los motores eléctricos o recargar la batería en marcha.
Los datos oficiales confirman que se trata de un bloque de gasolina de 1,5 litros con turbocompresor, denominado 1.5T. Esta mecánica térmica es capaz de desarrollar una potencia máxima de 115 kW (156 CV). De este modo, se elimina la dependencia absoluta de la infraestructura de carga pública en viajes de larga distancia. Según la ficha técnica, el Freelander 8 presenta un consumo de tan solo 0,76 litros por cada 100 kilómetros (CLTC) con la batería cargada. Su autonomía combinada será superior a los 1.200 kilómetros (CLTC).
Un posicionamiento comercial respaldado por la tecnología de guiado
Aunque la dotación mecánica es el pilar de este todoterreno, la tecnología de asistencia a la conducción juega un papel crucial en su propuesta comercial. La gama de acabados, compuesta por las variantes Pro, Max y Max+, equipa de serie un sensor LiDAR de 896 líneas ubicado en el techo. Este se conecta de forma nativa con la plataforma de conducción inteligente Huawei Qiankun ADS 5 para automatizar la percepción espacial de todo el entorno. Toda esta carga tecnológica se gestiona a través de una plataforma electrónica centralizada que está impulsada por el chip de procesamiento insignia Qualcomm Snapdragon 8397. Por el momento no se han comunicado los precios de venta del Freelander 8.