En la industria del motor se habla mucho de la llegada de fabricantes chinos a Europa, pero tanto o más importante es la situación de las marcas europeas de automóviles premium en China. El que durante años fue su principal motor de crecimiento se está convirtiendo en un mercado cada vez más hostil, algo que está afectando de manera considerable a sus ventas.
Los resultados del segundo trimestre del año reflejan con claridad el cambio de tendencia: BMW, Mercedes-Benz, Volvo, Porsche y JLR registraron descensos de ventas de entre el 24 % y el 37 % respecto al mismo periodo del año anterior. El Grupo Volkswagen tampoco escapa a esta dinámica, con una caída del 37% en el mercado chino, aunque todavía no ha desglosado las cifras correspondientes a Audi.

Cambio en las preferencias de los clientes chinos
Según el análisis de Autocar, la desaceleración afecta al conjunto del mercado automovilístico chino en general, ya que según los datos de la Asociación China de Turismos (CPCA) las matriculaciones descendieron un 23 % en junio. Sin embargo, el retroceso resulta especialmente acusado para los fabricantes europeos de gama alta debido al desplome de la demanda de vehículos con motor de combustión. Las ventas de estos modelos cayeron un 42 % durante ese mes, mientras que los denominados vehículos de nueva energía (eléctricos e híbridos enchufables) limitaron el descenso al 9 %.
Más allá del tipo de sistema de propulsión, la diferencia pone en evidencia un cambio estructural en las preferencias del consumidor chino. Durante años, las marcas alemanas dominaron el segmento premium gracias a su prestigio, calidad y tecnología. Hoy ese liderazgo se encuentra amenazado por fabricantes nacionales como Li Auto, Nio, Xiaomi, Aito, Xpeng o Zeekr, que han conseguido situarse a la vanguardia en electrificación, software y conectividad, dos de los aspectos más valorados por los compradores chinos.
Es una evolución que el mercado confirma: en junio, el 82 % de las ventas de las marcas chinas correspondieron a vehículos electrificados, frente al 12 % registrado por las empresas internacionales. Como consecuencia, la cuota de mercado de las marcas alemanas ha caído hasta el 13 %, muy lejos del 21 % que mantenían en 2023.
Diferentes estrategias
A esta presión competitiva se suma otro problema estratégico y es que, salvo Volvo, la mayoría de fabricantes europeos ha retirado prácticamente toda su oferta de híbridos enchufables en China después de los cambios regulatorios que endurecieron los incentivos fiscales y los requisitos de eficiencia. Esa decisión ha dejado el campo libre a los fabricantes chinos, cuyos modelos ofrecen autonomías eléctricas considerablemente superiores y una relación entre precio y prestaciones mucho más competitiva.
Ante este escenario, los fabricantes europeos están optando por estrategias muy diferentes. La propia Volvo mantiene su apuesta por los PHEV y asegura que estos ya representan el 40 % de sus ventas en China gracias al éxito del XC70 desarrollado sobre una plataforma de Geely. Mercedes prepara una nueva generación de modelos específicos para el mercado chino, con versiones de batalla larga y sistemas de infoentretenimiento diseñados para las preferencias locales. BMW ha lanzado nuevas variantes del iX3 y del i3 adaptadas al mercado chino y ha reforzado su colaboración con la empresa tecnológica Momenta para desarrollar un software específico.
Otros fabricantes han preferido reducir su exposición, destacado el caso de Porsche, que ha iniciado una profunda reestructuración de su red comercial, reduciendo el número de concesionarios ante la previsión de que sus ventas anuales pasen de casi 100.000 vehículos en 2022 a alrededor de 30.000 este año. JLR también ha cambiado de estrategia, abandonando la producción local de modelos de menor volumen para centrarse en la importación de vehículos con mayor margen, como el Range Rover o el Defender.

