Este inicio del verano está siendo uno de los más cálidos que se recuerdan, pero el calor no es lo único que tenemos que sufrir. También están llegando alertas por tormentas fuertes, muchas de las cuales vienen acompañadas de granizo.
Sabemos que el agua y la electricidad son elementos incompatibles, por lo que es normal tener ciertas dudas cuando conduces un coche eléctrico y te sorprende un chaparrón o una lluvia de cubitos de hielo. ¿Cómo actuar ante esta situación?

La protección de la alta tensión frente a elementos externos
Lo primero es no ser tremendista. La arquitectura eléctrica, incluyendo el paquete de baterías, el inversor de corriente y el motor eléctrico, están bien protegidos frente al exterior. Los fabricantes aplican niveles de protección IP muy elevados que aíslan las conexiones y el cableado de alta tensión de la humedad y del agua. Por lo tanto, el riesgo de sufrir una descarga o un cortocircuito debido a la acumulación de agua o al impacto de partículas de hielo contra los bajos del coche es inexistente.
Cuando la tormenta eléctrica se intensifica y aparecen los rayos, el comportamiento de un vehículo eléctrico es idéntico al de uno con motor térmico. La estructura del coche actúa como una jaula de Faraday, un fenómeno físico por el cual el campo eléctrico en el interior de un conductor en equilibrio es nulo. Si un rayo impactara contra la carrocería metálica, la carga se desplazaría por el exterior del vehículo hasta disiparse en el suelo a través de los neumáticos, protegiendo la integridad de los ocupantes. Por eso, la única recomendación en este caso consiste en mantener las ventanillas cerradas y evitar el contacto con partes metálicas del habitáculo durante la tormenta.

Cómo conducir bajo una tormenta de granizo
Una tormenta de granizo altera las condiciones del suelo, provocando una caída drástica del coeficiente de fricción de los neumáticos. La acumulación de hielo triturado y agua reduce la adherencia hasta en un 50%, incrementando el riesgo de deslizamientos y de sufrir aquaplaning. En un coche eléctrico, la entrega de par motor es instantánea desde parado, una característica muy valorada en condiciones normales pero que exige una gestión muy fina con asfalto deslizante. Para mantener el control, debes acelerar con mucha suavidad, de manera progresiva para evitar que los sistemas electrónicos de control de tracción tengan que intervenir.
La distancia de frenado aumenta entre el 20% y el 30% sobre asfalto mojado, una cifra que aumenta si se intercalan capas de granizo. Por esto, la distancia de seguridad con el vehículo precedente debe aumentar, y hay que reducir la velocidad por precaución. También es aconsejable circular aprovechando las huellas que dejan otros vehículos, ya que estas zonas suelen presentar un menor volumen de agua y hielo acumulado, favoreciendo el contacto del neumático con el asfalto.

La importancia de ver bien
El granizo suele venir acompañado de un descenso brusco de la temperatura y de una visibilidad muy limitada, factores que comprometen la seguridad activa. El uso del sistema de climatización y el desempañador es vital para asegurar la visibilidad. En un coche eléctrico, recuerda que la calefacción se alimenta directamente del paquete de baterías principal, lo que incrementará un poco el consumo, aunque es necesario..
En caso de encontrar charcos profundos o zonas con sospecha de inundación, evita cruzarlos. Aunque los bajos estén sellados, la fuerza del agua puede desplazar un vehículo con facilidad, y el impacto de objetos ocultos sumergidos podría comprometer la integridad de la batería a largo plazo.

¿Se puede recargar un coche eléctrico bajo una tormenta?
Esta es una duda bastante frecuente, sobre todo para quienes estrenan un coche de cero emisiones. Tanto los conectores del cable de carga como la propia toma del vehículo incorporan canales de drenaje y protocolos que impiden el paso de la corriente hasta que el acoplamiento es estanco y seguro. La infraestructura de recarga pública expuesta a la intemperie, cumple con normativas de aislamiento y puesta a tierra que aíslan el proceso de carga de la red ante cualquier anomalía.
Pese a este blindaje de seguridad, cuando la tormenta tiene una gran actividad eléctrica, la prudencia dicta evitar manipular los cables en el momento del enganche exterior para eliminar cualquier riesgo derivado del impacto fortuito de un rayo en los alrededores.