El próximo coche eléctrico barato para muchos conductores quizá no salga de una fábrica, sino de un concesionario de segunda mano. Francia ha empezado a subvencionar desde el 1 de septiembre la compra o el leasing de coches eléctricos usados, abriendo las ayudas a una parte del mercado que hasta ahora había quedado bastante relegada en los planes públicos de electrificación.
El nuevo incentivo se financia mediante los Certificados de Ahorro Energético franceses, los CEE, por lo que el dinero procede de los proveedores de energía y no funciona exactamente como el antiguo bonus ecológico estatal. Además, puede solicitarse sin condición de ingresos. La cantidad final depende del operador que conceda la prima.
La medida tiene, eso sí, varias condiciones destinadas a evitar que cualquier eléctrico antiguo pueda beneficiarse automáticamente.

La batería debe conservar como mínimo el 80%
Para entrar en el programa, el automóvil debe ser 100% eléctrico y haber sido matriculado por primera vez en Francia entre el 1 de enero de 2017 y el 31 de diciembre de 2023. La compra o el leasing deben realizarse además a través de un profesional autorizado. Hay otro requisito especialmente interesante para el mercado de ocasión: la batería debe conservar al menos el 80% de su capacidad inicial.
Cuando no sea posible determinar directamente ese estado de salud o SOH, la normativa permite utilizar la autonomía restante. Esta deberá alcanzar al menos 200 kilómetros o conservar como mínimo el 80% de la autonomía homologada originalmente.
El comprador tampoco podrá utilizar la ayuda para adquirir el vehículo y revenderlo rápidamente. Tendrá que conservarlo durante un mínimo de tres años, requisito que también se aplica a los contratos de leasing.

El problema del eléctrico usado empieza a ser importante
La medida francesa aborda una cuestión que irá ganando peso a medida que envejezcan los primeros grandes volúmenes de coches eléctricos.
Hasta ahora, buena parte de las políticas de ayudas se han centrado en poner vehículos nuevos en circulación. Pero para que la tecnología llegue a hogares con presupuestos más bajos también necesita un mercado de segunda mano amplio, con precios atractivos y cierta confianza sobre el componente más caro del vehículo: su batería.
Francia intenta atacar ambos problemas al mismo tiempo. Incentiva económicamente la compra, pero exige comprobar que la batería todavía mantiene una capacidad razonable.

España sigue centrando las ayudas en coches nuevos y seminuevos recientes
La comparación con España resulta especialmente interesante. El nuevo Plan Auto+ permite ayudas para vehículos nuevos y determinados seminuevos, pero estos últimos deben tener una antigüedad máxima de doce meses. No existe por ahora un programa estatal equivalente que incentive de forma general la compra de un eléctrico usado de varios años como hace Francia.
Y probablemente ahí esté uno de los siguientes debates de la electrificación española. No todos los conductores pueden gastar 30.000 o 40.000 euros en un eléctrico nuevo. Pero sí pueden empezar a aparecer Renault Zoe, Dacia Spring, Nissan Leaf, Peugeot e-208, Hyundai Kona o Tesla Model 3 usados, entre otros, a precios mucho más asumibles.
Francia parece haber entendido que electrificar el parque no consiste únicamente en vender más coches nuevos. También necesita conseguir que los eléctricos que ya existen tengan una segunda vida y lleguen al comprador que nunca habría podido pagarlos cuando salieron del concesionario.