Los sistemas de asistencia a la conducción se han convertido en uno de los puntos fuertes de la seguridad en los coches modernos: frenada automática de emergencia, mantenimiento de carril, monitorización del ángulo muerto, lector de señales de velocidad… Son tecnologías cada vez más habituales, pero su eficacia depende de un factor que no controla directamente el vehículo: que el conductor decida utilizarlas. Un nuevo estudio realizado en Australia revela hasta qué punto este problema puede limitar los beneficios de estos sistemas y apunta a que la confianza del conductor es tan importante como la tecnología.
El estudio, elaborado por Insurance Australia Group (IAG) junto con la Queensland University of Technology (QUT) y el iMOVE Cooperative Research Centre, combina tres fuentes de información. Los investigadores analizaron 100.000 colisiones registradas en Queensland y Victoria durante 11 años, realizaron un estudio de conducción real con 50 participantes y encuestaron a más de 2.000 conductores de vehículos equipados con sistemas avanzados de asistencia a la conducción (ADAS).

Funcionan, pero solo si están activados
La principal conclusión es clara: los sistemas funcionan cuando están activos. El análisis de las colisiones encontró que cada una de las tecnologías estudiadas reducía el riesgo del tipo de accidente que estaba diseñada para evitar. El asistente de mantenimiento de carril podía reducir hasta un 40 % las colisiones laterales, la frenada automática de emergencia llegaba a reducir hasta un 21 % los accidentes frontales y la monitorización del ángulo muerto podía disminuir hasta un 15 % los siniestros relacionados con cambios de carril.
El problema aparece cuando los conductores deciden desconectarlas porque, según la investigación, el 60 % de los automovilistas afirma haber desactivado uno de estos sistemas en alguna ocasión o de manera regular. Las razones para hacerlo varían, pero tienen que ver principalmente con la percepción de que resultan molestos, intrusivos o poco fiables. Las intervenciones inesperadas de la dirección o los frenos, los avisos constantes y las falsas alertas pueden generar frustración y acaban haciendo que el conductor prefiera prescindir de la ayuda aunque disponga de ella en el coche.
El mantenimiento de carril es uno de los ejemplos más significativos en este aspecto: aunque el estudio le atribuye un potencial de reducción de hasta el 40 % en determinados tipos de colisiones, también fue el sistema que recibió más comentarios negativos durante las pruebas en carretera y el que más tendía a ser desconectado. El estudio apunta así a una contradicción, que una tecnología puede ofrecer un beneficio de seguridad considerable sobre el papel y, sin embargo, tener un impacto mucho menor en la realidad si los usuarios no confían en ella.
Los conductores no saben cómo funcionan los ADAS de sus coches
Otro factor que desempeña un papel importante es la formación, ya que son muchos quienes se compran un coche nuevo, cargado de sistemas de asistencia a la conducción, y a los que no se les informa sobre cómo funcionan. Alrededor del 80 % de los conductores consultados afirma que ha aprendido a utilizar estos sistemas mediante prueba y error, mientras que el 72 % considera que necesita más información o formación sobre su funcionamiento. En las pruebas prácticas, una única sesión supervisada permitió más que duplicar la proporción de participantes que afirmaban no encontrar obstáculos para utilizar los asistentes.
IAG calcula que si los sistemas se utilizaran de forma generalizada podrían evitar alrededor de 7.850 víctimas de accidentes de tráfico al año en Australia, aproximadamente una quinta parte de las cerca de 40.000 víctimas graves anuales. Así, aunque el estudio se haya realizado allí, sus conclusiones son aplicables a regiones como Europa y Estados Unidos, donde los fabricantes incorporan cada vez más funciones de asistencia en vehículos nuevos, muchas veces obligados directamente por la normativa.
Shawn Ticehurst, Director del Centro de Investigación de IAG, explica: “Cabría esperar que la modernización del parque automovilístico, con la incorporación de sistemas de asistencia a la conducción de serie, se tradujera en una correlación positiva reflejada en una reducción de las tasas de accidentes y víctimas; sin embargo, esto no está sucediendo, y la situación debe cambiar si queremos reducir el número de accidentes”.

