El Departamento de Transporte de Estados Unidos, a través del secretario Sean Duffy, ha enviado una firme advertencia a la cúpula directiva de Ford Motor Company. La administración estadounidense se muestra muy preocupada por la estrecha relación que la firma del óvalo azul mantiene con varios fabricantes chinos del sector del vehículo eléctrico.
Esta advertencia no es un simple aviso formal, sino un toque de atención que pone en el punto de mira acuerdos estratégicos clave para la electrificación de la marca, cuestionando decisiones tomadas tanto en suelo estadounidense como a nivel internacional.

Las baterías de CATL en la planta de Michigan, en el centro de la polémica
El principal foco de conflicto se sitúa en Marshall, Michigan, donde se ubica el complejo industrial BlueOval Battery Park. El gobierno estadounidense critica abiertamente que Ford continúe dependiendo de la tecnología bajo licencia del fabricante chino CATL para la producción de baterías de fosfato de hierro y litio (LFP).
Aunque la instalación es propiedad de Ford y emplea a trabajadores estadounidenses, la transferencia y explotación de patentes chinas en infraestructuras clave genera reticencias de seguridad nacional y competitividad en Washington. Para la administración, basar la estrategia de electrificación en licencias de empresas del gigante asiático frena el desarrollo de un ecosistema tecnológico que sea autosuficiente de verdad en Norteamérica.

El impacto de las alianzas internacionales y la planta de Almussafes
El toque de atención trasciende las fronteras estadounidenses. El documento gubernamental cuestiona también las alianzas estratégicas que Ford ha entablado fuera de sus fronteras para asegurar la rentabilidad de sus operaciones. En el punto de mira se encuentra el acuerdo alcanzado con el grupo chino Geely en Europa, de vital importancia para garantizar el futuro y la carga de trabajo de la fábrica de Almussafes, en Valencia.
Además, Washington ha recriminado a la compañía que mantenga la producción de determinados modelos de la marca Lincoln en China destinados a la exportación hasta 2030, así como los acercamientos o conversaciones con firmas como BYD. Según la postura oficial del Departamento de Transporte, estas decisiones externalizan capacidad industrial y un desarrollo tecnológico que deberían consolidarse en territorio nacional.

Ford defiende su soberanía y la competitividad
Por su parte, la dirección de Ford ha rechazado de forma categórica las acusaciones, calificando las observaciones mostradas en la carta como un intento equivocado de generar titulares. La compañía asegura que su compromiso con la mano de obra estadounidense es absoluto y subraya que la planta de Michigan es de su entera propiedad.
La firma defiende que el licenciamiento de tecnología externa es una práctica habitual en la industria global que permite ofrecer vehículos eléctricos e híbridos más accesibles al consumidor final, sin renunciar al control operativo de sus instalaciones. Sin embargo, el choque pone de manifiesto la creciente complejidad a la que se enfrentan los fabricantes tradicionales, atrapados entre las exigencias políticas de soberanía tecnológica y las realidades operativas de una transición hacia el coche eléctrico dominada en buena medida por la cadena de suministro china.