El gigante japonés Honda atraviesa uno de sus momentos más delicados de la historia reciente. En un anuncio que ha hecho vibrar los cimientos de la industria, la compañía ha revelado que espera cerrar el año fiscal 2025/26 con unas pérdidas de hasta 2.5 billones de yenes, lo que equivale aproximadamente a 15.700 millones de dólares. Esta cifra es más que un simple bache financiero, es el síntoma de una realidad que está golpeando a los fabricantes tradicionales: el mercado eléctrico, a excepción de China, no está respondiendo a la velocidad que se esperaba.
La importancia de esta noticia radica en la decisión inmediata de la cúpula directiva de revisar su estrategia de vehículos eléctricos (EV). Honda, que se había comprometido con una transición agresiva hacia las cero emisiones, se ve ahora obligada a levantar el pie del acelerador y replantear sus inversiones. El optimismo tecnológico de hace unos años ha chocado frontalmente con una demanda de consumidores que, por el momento, parece preferir opciones más conservadoras o se ve frenada por la infraestructura actual.
El gigante japonés ante el desafío del mercado global
El principal motivo de este desajuste financiero, por primera vez Honda registra pérdidas desde que salió a bolsa en la década de los 50, es la brecha entre la producción planificada y las ventas reales en mercados clave como China y Norteamérica. En el gigante asiático, la competencia feroz de las marcas locales y el cambio en las preferencias de los compradores han dejado a Honda en una posición de vulnerabilidad. La compañía admite que necesita ajustar sus líneas de producción y su cadena de suministro para evitar que la sangría económica continúe durante los próximos ejercicios.
Este movimiento no es un caso aislado, pero el volumen de las pérdidas proyectadas pone a Honda en el centro de todas las miradas. La revisión de la estrategia implica la cancelación inmediata de varios proyectos, algunos de ellos en fase avanzada. La Serie 0, que tanto había dado de qué hablar y el Acura RDX, específico para Norteamérica, echan el cierre. Además de haber supuesto una inversión que al menos de momento no tendrá retorno, el presupuesto se centra ahora, otra vez, en el desarrollo y refuerzo de la gama híbrida. Gama que actualmente entrega casi el 100% de los ingresos de la compañía de Minato.

Un replanteamiento necesario
La revisión estratégica que ha anunciado Honda busca proteger la salud financiera de la empresa a largo plazo. No se trata de abandonar el coche eléctrico, sino de adaptar el calendario a la realidad económica de los clientes. Los directivos han señalado que la inversión en software y nuevas arquitecturas eléctricas se mantendrá, pero el volumen de fabricación se ajustará para no acumular inventario sin salida comercial.
De hecho, la propia compañía ha reconocido que prefiere paralizar el desarrollo de sus próximos coches eléctricos porque de seguir avanzando la pérdida del futuro sería muy superior a la del presente. Este cambio de rumbo pone de manifiesto que el camino hacia la movilidad eléctrica no es una línea recta. Honda ha aprendido que la flexibilidad es su mejor herramienta de supervivencia. Al reducir las expectativas de ventas a corto plazo, la marca espera recuperar el equilibrio y centrarse en tecnologías que, como los híbridos de nueva generación, sirvan de puente real mientras la infraestructura de carga y los precios de las baterías se estabilizan a nivel mundial.

El futuro de Honda: cautela y eficiencia operativa
No hay forma de esconder unos malos resultados. Es la primera vez en más de 70 años que Honda presenta un balance negativo. La compañía tiene que tomar decisiones difíciles en tiempos complicados. Además de la estrategia de electrificación, el resto de condiciones que afectan al mercado no ayudan, principalmente la nueva dirección en Estados Unidos. El director general, Toshihiro Mibe, ha declarado en la conferencia de prensa que la demanda de vehículos eléctricos había caído drásticamente, lo que hace "muy difícil" mantener la rentabilidad.