Los coches de policía son algo que siempre llama la atención y en los últimos años numerosos gobiernos europeos han comenzado a experimentar con la introducción de modelos de cero emisiones en las flotas de vehículos de sus agentes de seguridad. Austria puso en marcha un proyecto piloto para evaluar la viabilidad de utilizar coches eléctricos en las patrullas policiales. Sin embargo, tras varios meses de pruebas en condiciones reales de trabajo, los resultados no han sido los esperados.
Las autoridades austriacas han concluido que este tipo de vehículos solo resulta adecuado de forma limitada para las tareas policiales, así que han decidido que dejen de patrullar.

Dos años de experimento
El experimento, conocido como “Proyecto Tron”, comenzó en enero de 2024 bajo la coordinación del Ministerio del Interior de Austria. La iniciativa consistía en introducir una pequeña flota de 24 vehículos eléctricos dentro del parque automovilístico de la policía federal. Entre los modelos utilizados se encontraban varios Volkswagen ID.3 y Volkswagen ID.4 destinados a patrullas generales, así como un Porsche Taycan empleado para tareas de vigilancia en autopistas.
El Director General de Seguridad Pública, Franz Ruf, declaró en el momento del inicio que “al probar vehículos con sistemas de propulsión alternativos, podemos obtener la experiencia necesaria para determinar si se puede garantizar un funcionamiento sin problemas en todo momento y qué requisitos de seguridad especiales son necesarios para su uso por parte de la policía”.
El objetivo era comprobar si estos automóviles podían sustituir, al menos parcialmente, a los vehículos de combustión utilizados por la policía en su trabajo diario. Por eso, durante todo el programa, los coches eléctricos se utilizaron en condiciones operativas normales, es decir, en patrullas rutinarias, desplazamientos urgentes y presencia policial en carretera. Gracias a ello, los responsables del proyecto pudieron evaluar el rendimiento de los vehículos en escenarios realistas, comparándolo con el de los coches diésel o de gasolina.
Los problemas de los coches de policía eléctricos
Ahora, tras aproximadamente dos años de pruebas, el Ministerio del Interior ha concluido que los vehículos eléctricos no son adecuados para el servicio general de patrulla. Entre los principales problemas que se señalan están la autonomía limitada y las dificultades para gestionar la recarga dentro de la dinámica imprevisible del trabajo policial. A diferencia de otros usos institucionales del automóvil, las patrullas policiales no siguen rutas ni horarios fijos, lo que dificulta planificar pausas para recargar las baterías. Además, los agentes deben estar disponibles de forma continua para responder a emergencias, lo que exige vehículos listos para operar en todo momento.

Otro de los factores señalados por las autoridades es el peso adicional que supone el equipamiento policial. Los vehículos de patrulla suelen transportar numerosos dispositivos, como radios, ordenadores, sistemas de señalización, cámaras o equipos de protección. Todo este material incrementa considerablemente el peso del coche y, en el caso de los vehículos eléctricos, repercute directamente en el consumo energético y en la autonomía disponible. Como consecuencia, la distancia real que pueden recorrer antes de necesitar recargar se reduce aún más en comparación con la autonomía teórica anunciada por los fabricantes.
Asimismo, los responsables del proyecto señalaron que las limitaciones logísticas del sistema de recarga constituyen un obstáculo importante. Aunque la infraestructura de carga para vehículos eléctricos está creciendo en Europa, todavía no se adapta a las necesidades de los servicios de emergencia, que requieren disponibilidad inmediata y tiempos de operación continuos. Es un factor determinante que es consideran que es incompatible con la operatividad policial.
Como resultado de estas conclusiones, el gobierno austriaco ha decidido retirar progresivamente los coches eléctricos del servicio de patrulla antes de finales de 2026. Eso, sin embargo, esto no significa que vayan a desaparecer completamente de la flota policial: seguirán utilizándose para tareas menos exigentes, como desplazamientos administrativos, transporte interno o intervenciones no urgentes, donde la planificación de la recarga es factible.
