Durante décadas, la parrilla fue una de las piezas más reconocibles de cualquier coche. Servía para dar identidad a la marca, pero también cumplía una función muy concreta: dejar pasar aire hacia el radiador y ayudar a refrigerar un motor de combustión que genera mucho calor.
En un coche eléctrico, esa necesidad cambia por completo. No hay un motor térmico que queme gasolina o diésel, no hay admisión de aire para la combustión y no existe un escape que expulse gases calientes. Por eso muchos eléctricos prescinden de la clásica gran abertura frontal y la sustituyen por una superficie más lisa. No es solo estética futurista. Es eficiencia.

Menos aire entrando, más kilómetros por carga
Una parrilla abierta no deja pasar el aire sin consecuencias. Cuando el flujo entra por el frontal, choca contra radiadores, soportes y elementos internos, se desordena y genera resistencia aerodinámica. A alta velocidad, esa resistencia es uno de los grandes enemigos de la autonomía.
Por eso los coches eléctricos suelen tener morros más cerrados, bajos carenados, llantas aerodinámicas, tiradores enrasados y formas muy trabajadas. Cada detalle cuenta. Una mejora pequeña en el flujo de aire puede traducirse en menos consumo eléctrico en carretera y, por tanto, en algunos kilómetros extra por carga.
El objetivo no es que el coche parezca raro, sino que necesite menos energía para mantener la velocidad. En un vehículo eléctrico, donde la batería es cara, pesada y limitada, ahorrar energía por aerodinámica puede ser tan importante como añadir capacidad.

¿Entonces un eléctrico no necesita refrigeración?
Sí la necesita, pero de otra manera. Las baterías, motores eléctricos, inversores, cargadores de a bordo y sistemas electrónicos también generan calor. Además, la batería debe mantenerse dentro de un margen térmico adecuado para rendir bien, cargar rápido y conservar su vida útil.
La diferencia es que un eléctrico no necesita una gran parrilla abierta todo el tiempo. Muchos modelos recurren a pequeñas entradas inferiores, circuitos de refrigeración líquida, bombas, ventiladores y sistemas activos que solo abren el paso de aire cuando hace falta.

Las trampillas activas son la nueva parrilla
Un buen ejemplo es el Hyundai IONIQ 5. La marca explica que sus trampillas activas integradas en el paragolpes delantero mejoran la eficiencia energética cuando están cerradas y optimizan la temperatura de la batería cuando se abren.
En los eléctricos de altas prestaciones, la refrigeración vuelve a ganar protagonismo. El Hyundai IONIQ 5 N, pensado para uso deportivo, incorpora malla funcional, cortinas de aire y una entrada activa adicional para equilibrar eficiencia aerodinámica y necesidades de refrigeración.
Esto explica por qué algunos coches eléctricos sí tienen aberturas visibles. No son una herencia decorativa del coche de gasolina, sino entradas calculadas para baterías, motores, frenos o conducción exigente.

La parrilla también se ha convertido en identidad
Eliminar la parrilla plantea otro problema: muchos coches pierden parte de su “cara”. Durante más de un siglo, las marcas han usado el frontal para ser reconocibles. BMW es el ejemplo más evidente.
En el BMW iX, la clásica doble parrilla no sirve para alimentar un motor de combustión. BMW explica que el sistema eléctrico necesita poco aire de refrigeración, por lo que la parrilla está cerrada y funciona como un panel inteligente que integra sensores y tecnología de asistencia.
Es decir, la parrilla no siempre desaparece. A veces cambia de trabajo: ya no refrigera un motor térmico, sino que aloja sensores, cámaras, radares o elementos de diseño.
El frontal liso ha llegado para quedarse
Los eléctricos no tienen parrillas tradicionales porque no las necesitan como un coche de combustión. Pero eso no significa que funcionen sin refrigeración. Simplemente respiran de forma más selectiva.
La nueva lógica es abrir solo donde y cuando hace falta. El resto del frontal se cierra para que el aire fluya mejor, el consumo baje y la autonomía aumente. Así que cuando un eléctrico parece tener “la cara tapada”, en realidad está haciendo algo muy importante: gastar menos energía antes incluso de mover una sola rueda.