Toyota, líder mundial del automóvil, ha iniciado 2026 con un freno inesperado en su producción. Tras cerrar 2025 con un récord histórico de 11,3 millones de vehículos vendidos, la compañía japonesa ha registrado una caída del 3,9% en su producción global durante febrero, encadenando así su cuarto mes consecutivo a la baja.
La razón no está en una caída de la demanda, sino en todo lo contrario: el éxito de uno de sus modelos estrella, el Toyota RAV4, que se encuentra en plena transición hacia una nueva sexta generación.
El nuevo RAV4 provoca la situación

El salto a la sexta generación del Toyota RAV4 supone un giro importante en la estrategia de la marca japonesa. El modelo abandona por completo las versiones de gasolina tradicionales para apostar exclusivamente por una motorizaciones híbridas e híbridas enchufables. A esto se suma la incorporación de nuevas tecnologías de seguridad como Toyota Safety Sense 4.0 y un interior completamente rediseñado.
El resultado es un vehículo más eficiente, potente y tecnológico, pero también una fuerte presión sobre la producción. La escasez de unidades del modelo saliente está afectando directamente a las cifras globales.
Canadá, el epicentro del problema

El impacto de esta transición no se reparte de forma uniforme. Canadá se ha convertido en el principal foco de la caída productiva, con un desplome del 46,2% en febrero respecto al año anterior.
Esto se debe a que hasta el 80% de los Toyota RAV4 destinados al mercado estadounidense se fabrican en plantas situadas en Ontario. La adaptación de estas fábricas al nuevo modelo ha generado un cuello de botella que está afectando a toda Norteamérica, cuya producción total ha caído un 9,1%. En contraste, el mercado estadounidense mantiene una demanda sólida, con un crecimiento del 5,1% en lo que va de año.
Una transición hacia la electrificación
El caso del Toyota RAV4 refleja una tendencia más amplia dentro de la industria: la electrificación progresiva de modelos superventas. Toyota, tradicionalmente cauta en este terreno, acelera ahora su estrategia apostando por sistemas híbridos como paso intermedio hacia la movilidad totalmente eléctrica.
Esta decisión, aunque estratégica a largo plazo, implica ajustes industriales complejos. Cambiar una cadena de producción de un modelo tan popular requiere tiempo, inversión y coordinación global.
Un bache temporal, no una crisis
Pese a los descensos en producción y ventas, que también cayeron un 3,3% en febrero, los analistas coinciden en que se trata de un problema coyuntural.
La fuerte demanda del nuevo Toyota RAV4 y el sólido desempeño comercial del fabricante japonés apuntan a una recuperación una vez que la producción se estabilice. Más que una señal de debilidad, este episodio evidencia la magnitud del reto que supone transformar un modelo clave en plena transición energética.