Stella Li, vicepresidenta de BYD, critica a Europa y a sus políticas: se trata de "una regulación bastante descabellada"

Stella Li, vicepresidenta de BYD, critica con dureza la posible imposición de cuotas de contenido local por parte de la Unión Europea, calificándolas de barrera al libre mercado.

Stella Li es el rostro más conocido de BYD en todo el mundo.
Stella Li es el rostro más conocido de BYD en todo el mundo.
06/05/2026 07:30
Actualizado a 06/05/2026 07:30

La tensión comercial entre los fabricantes chinos y la Unión Europea ha alcanzado nuevos puntos de fricción tras los últimos cambios en las políticas comerciales de los países miembros. Durante una entrevista, Stella Li, vicepresidenta de BYD y máxima responsable en el área europea, ha expresado su firme rechazo a la posible implementación de cuotas de "contenido local" que obligarían a los fabricantes extranjeros a producir una parte específica de sus componentes en suelo europeo. Li sostiene que este tipo de medidas regulatorias no solo frenan la expansión de la movilidad eléctrica, sino que distorsionan los principios del libre comercio global.

Para BYD, estas exigencias representan un obstáculo artificial que penaliza la eficiencia mecánica y logística que la marca ha logrado mediante su integración vertical. Según la visión de la directiva, el enfoque de Europa debería centrarse en fomentar la competitividad técnica en lugar de levantar barreras administrativas que, en última instancia, encarecen el producto final para el consumidor europeo y ralentizan la descarbonización del transporte. “Es una regulación bastante descabellada".

La nueva norma europea en el centro de la polémica

BYD Dolphin Surf
El Dolphin Surf será el primer BYD en fabricarse en Europa.

La norma de contenido local forma parte de la Ley de Aceleración Industrial de la Comisión Europea, presentada oficialmente a principios de marzo de 2026. El plan establece que los vehículos eléctricos, híbridos y de pila de combustible solo recibirán subvenciones gubernamentales si se ensamblan en la Unión Europea y al menos el 70% de sus componentes, medidos por precio, se producen dentro del espacio comunitario. Hasta el momento, la propuesta proviene de la Comisión Europea; el Parlamento y el Consejo de los Estados miembros aún deben examinarla.

Desde una perspectiva técnica, obligar a una marca como BYD a localizar su producción de componentes críticos supone un desafío mecánico de gran envergadura. La firma china basa gran parte de su éxito en el control total de la fabricación de sus baterías y motores eléctricos en sus propias plantas, optimizando cada proceso de ensamblaje. Una cuota de contenido local forzaría a reconfigurar estas cadenas de suministro, lo que podría afectar a la precisión y los estándares de calidad que la marca ha estandarizado a nivel global.

La propia Li argumenta que BYD ya está demostrando su compromiso con la industria europea mediante la construcción de sus propias fábricas en el continente, como la planta que en unos meses empezará a producir coches en Hungría. Sin embargo, subraya que este proceso debe ser una decisión estratégica basada en la eficiencia operativa y no una imposición legal que dicte de dónde debe proceder cada tornillo o celda de batería del vehículo.

Desafíos para la producción de vehículos de nueva energía

BYD Stella Li
Para Stella Li lo que propone Europa no tiene sentido.

La implementación de cuotas locales afectaría directamente a la arquitectura mecánica de los modelos que BYD planea introducir en Europa. Stella Li recalca que la industria de los Vehículos de Nueva Energía (NEV) depende de una red de proveedores altamente especializada. Entre las preocupaciones mecánicas y estratégicas destacan la dificultad de encontrar proveedores europeos que igualen la escala y el coste de la tecnología de BYD. El riesgo de tener que adaptar componentes locales no optimizados para sus plataformas eléctricas. O el no menos importante incremento de los costes logísticos al fragmentar la producción de conjuntos mecánicos clave.

Para Li, la solución pasa por una colaboración abierta que permita a Europa beneficiarse de la experiencia de China en la producción masiva de sistemas de propulsión eléctrica. Al limitar el acceso o imponer cuotas de contenido, se pone en riesgo el objetivo de que el coche eléctrico sea una opción real para el gran público, alejando las metas de sostenibilidad que la propia Unión Europea se ha fijado para las próximas décadas. Stella Li advierte que el proteccionismo puede volverse en contra de la propia industria europea, al desincentivar la innovación mecánica.

Fuente: Spiegel