El sector del automóvil, como tantos otros, es un mundo marcado por las tendencias. Algunas duran más, otras menos, algunas son mejor recibidas, unas llegan para quedarse u otras acaban siendo anecdóticas. Dentro de la industria, los SUV son un ejemplo de algo que parece que va a ser eterno, pero también hay otras sobre las que los fabricantes están empezando a dar marcha atrás, como son los botones táctiles.
Desde hace una década, las superficies hápticas se han convertido en algo común en los automóviles, inundándolos, junto a las pantallas, en detrimento de los botones analógicos de toda la vida. Parecía que era el futuro, el no va más, pero los usuarios se quejaron, porque no son prácticos en los automóviles, y por suerte las marcas están reculando, entre ellas Volkswagen.
Una moda que no era intuitiva
El director ejecutivo de la compañía, Thomas Schäfer, ha sido más que claro respecto a dichas cuestiones: “Era evidente que estábamos perdiendo nuestra esencia. En VW siempre nos hemos centrado en coches que se integran en la vida de las personas: fiables y fáciles de usar. Sí, la geopolítica, las cadenas de suministro y la competencia [influyeron], pero también tuvimos que cambiar nuestra propia mentalidad”.
Los controles táctiles eran cuestión de moda. Todo el mundo estaba acostumbrado a utilizarlos en sus teléfonos móviles, así que la industria en conjunto pensó que era lógico incorporarlos a los coches. El problema es que, al volante, las necesidades del conductor son muy diferentes de las de un peatón o de alguien que está en el sofá. No contar con ‘feedback’ físico implica tener que desviar la mirada de la carretera y, por tanto, distraerse.
Schäfer confiesa que han cambiado la manera que tienen de afrontar el problema: “Antes hacíamos una larga lista de requisitos y características, pero la gente no se sentía cómoda usando [el producto final]. Ahora pensamos en las personas. ¿Para quién es el coche? ¿Quién lo conduce?”. Ahora, explica que el equipo de diseño trabaja en torno a tres pilares fundamentales: “Estable, agradable y salsa secreta”.
Poner al usuario en el centro
Respecto a qué llevó a la industria en general y Volkswagen en particular a optar por tanta superficie táctil, lo tiene claro: “Se percibía un espíritu de diseño y utilización similar al del iPhone en muchas empresas. Fue un poco difícil convencer a los diseñadores de que abandonaran esa idea. Les dije: ‘Escuchen, hay dos cosas que para mí son absolutamente innegociables: los tiradores y los botones’. No entiendo por qué alguien querría deslizadores [sensibles al tacto]”.
Pero esa no es la manera en la que cree que deben ser las cosas, así que las está cambiando desde su posición de poder: “Un VW debe tener un aspecto amigable. El tirador de la puerta debe ser intuitivo, fácil de usar cuando llegas al coche con las manos llenas de la compra. Y recuperaremos los botones y nombres reales, para coches que puedas entender de inmediato”.
Se trata, en definitiva, de escuchar a quien compran y usan sus coches: “Realizamos muchas consultas con clientes, preguntándoles ‘¿para qué necesitamos un botón?’. Hacemos pruebas con datos, utilizando cámaras dentro del coche para ver qué botones usa el cliente y hacia dónde mira”.
Kai Grünitz, jefe de desarrollo técnico de Volkswagen, también estuvo presente en la entrevista con TopGear y su aportación corrobora el sentimiento de su jefe, pero también le lanza un dardo directo al ex CEO de la compañía, Herbert Diess: “Llevo trabajando en Volkswagen unos 30 años. Todos los Volkswagen se han diseñado pensando en la junta directiva, y especialmente en el director general. Por suerte, Piech y [Martin] Winterkorn sabían lo que quería el cliente. Cambiar de director general implica que todos siguen al nuevo. Y si él dice: "Oigan, necesitamos coches con deslizadores...", discuten un poco, pero al final les dan estilo”.

