Volver a hablar de una interconexión eléctrica entre Portugal y Marruecos ya no es un ejercicio de despacho. El proyecto ha salido de varios años de parálisis justo después del apagón en España que dejó sin electricidad a Portugal el 28 de abril de 2025, un recordatorio incómodo de hasta qué punto la seguridad del suministro también depende de cuántas puertas tiene abierto un país.
Portugal vive una vulnerabilidad muy concreta. No dispone de interconexión eléctrica directa con ningún otro Estado que no sea España. Cuando falla ese único puente, la dependencia deja de ser una palabra técnica y pasa a sentirse en hogares, empresas y servicios esenciales.
Portugal busca otra salida eléctrica y Marruecos gana acceso directo a Europa
Desde 2018 está sobre la mesa un enlace de aproximadamente 1 gigavatio de capacidad con unos 220 kilómetros de cable submarino entre la subestación portuguesa de Tavira y la marroquí de Beni Harchane. No es un detalle menor. Una conexión de ese tamaño puede alterar cómo circula la electricidad entre dos orillas que ya miran al mismo sistema energético, aunque todavía falten piezas decisivas por encajar.
Marruecos parte con ventaja en ese mapa. Ya dispone de dos conexiones eléctricas submarinas con España, y una interconexión con Portugal le permitiría abrir una segunda puerta directa hacia el mercado eléctrico europeo. Para Lisboa, la lectura es otra pero complementaria. Cuantas más rutas existan, menos expuesto queda el sistema a depender de un único vecino.
En julio de 2026, Maria da Graça Carvalho y Leila Benali acordaron en Lisboa reactivar formalmente la iniciativa y buscar el respaldo de la Unión Europea. La ministra portuguesa de Medio Ambiente y Energía ya había confirmado en septiembre de 2025 el inicio de contactos con Marruecos para estudiar la interconexión.
La financiación bajó sobre el papel, pero la factura final sigue abierta
Hay una cifra que explica por qué el proyecto vuelve con más fuerza y también por qué todavía no puede darse por cerrado. Las estimaciones recientes sitúan la inversión en 650 millones de euros, frente a los 800 millones de euros de las primeras cuentas. La rebaja mejora el relato económico, aunque no resuelve la pregunta clave sobre quién pagará qué parte.
Ambos gobiernos quieren presentar la infraestructura a la Comisión Europea para optar a financiación comunitaria. Portugal ha puesto sobre la mesa la posibilidad de recurrir a mecanismos de infraestructuras energéticas transeuropeas y, al mismo tiempo, ha abierto la puerta a inversores privados, operadores de redes y empresas energéticas.
Ahí aparece una de las contradicciones del proyecto. Los trabajos han arrancado, pero todavía no existe un modelo de construcción ni de financiación determinado. En otras palabras, la voluntad política corre hoy por delante de la arquitectura técnica y financiera.
Los operadores tienen seis meses para resolver dudas que siguen siendo centrales
En agosto, REN y ONEE recibieron el mandato de preparar en un plazo de seis meses una propuesta preliminar sobre el modelo de construcción y financiación. REN opera la red de transporte en Portugal y ONEE hace lo propio en Marruecos, así que sobre ambos recae ahora la tarea de convertir una idea reactivada en un esquema con números, responsabilidades y calendario de ejecución técnica.
Además, un grupo de trabajo reunirá a tres representantes de cada país cada mes para avanzar en esa propuesta. El movimiento institucional tiene lógica. Antes de hablar de kilovatios intercambiados o de respaldo europeo, toca decidir por dónde irá exactamente el enlace y bajo qué reglas funcionará.
Quedan pendientes el trazado, la tecnología, el coste definitivo y el reparto de la financiación. Tampoco está resuelto si la conexión será exclusivamente submarina o si utilizará parcialmente las redes españolas, una posibilidad que introduce otra capa política y regulatoria en una infraestructura pensada precisamente para dar a Portugal una vía adicional.
El apagón cambió la urgencia de una infraestructura que llevaba años detenida
No siempre hace falta una crisis para reactivar un proyecto energético, pero a veces una crisis le pone fecha a una necesidad antigua. El apagón del 28 de abril de 2025 empujó a Portugal a mirar con más atención un mapa eléctrico en el que su dependencia exterior pasa por un solo enlace estatal directo.
Desde la óptica de la transición energética, una interconexión no solo sirve para gestionar emergencias. También puede ayudar a integrar mejor la generación renovable cuando sobra en un lado y falta en el otro, algo cada vez más relevante en sistemas con más peso de la solar y la eólica. La cuestión práctica para el ciudadano siempre acaba siendo la misma, aunque cambie la escala del debate. Cuanto más robusta y conectada esté la red, menos vulnerable será el suministro y más margen habrá para aprovechar electricidad de menor coste cuando esté disponible.
Por ahora, el dato más revelador no está en los 220 kilómetros previstos ni en los 650 millones de euros estimados, sino en la fragilidad que intenta corregir el proyecto. Portugal solo tiene una interconexión eléctrica directa con otro Estado, y ese Estado es España. Esa dependencia explica casi por sí sola por qué una idea estudiada desde 2018 ha dejado de esperar.