La captura de CO₂ industrial es un conjunto de tecnologías que interceptan el dióxido de carbono generado en procesos industriales antes de que llegue a la atmósfera. En plantas de cemento, acero, refinerías o centrales eléctricas, los gases de combustión ricos en CO₂ se extraen, separan y concentran gracias a métodos como post-combustión, pre-combustión u oxy-fuel. Una vez separado, el CO₂ queda listo para su transporte o tratamiento, evitando que se libere directamente y contribuya al calentamiento global.
Tras capturarlo, el dióxido de carbono puede seguir dos rutas: su almacenamiento seguro profundo bajo tierra en formaciones geológicas, donde queda aislado durante largos periodos, o su utilización como materia prima en otros procesos industriales. La segunda opción transforma el CO₂ en productos como combustibles sintéticos, plásticos o materiales de construcción, integrándolo en una economía circular.

El proyecto piloto noruego en una planta de vidrio en Italia
Un grupo de investigadores noruegos ha dado un paso relevante en la aplicación de energía solar a procesos industriales intensivos en consumo energético como la captura de dióxido de carbono (CO₂). El proyecto, desarrollado por expertos del centro tecnológico SINTEF junto con la empresa Svalin Solar, combina generación eléctrica fotovoltaica con recuperación de calor útil, logrando reducir la energía necesaria para capturar CO₂ en un 17 % frente a procesos convencionales.
La planta piloto, ubicada en el Laboratorio Multiphase en Tiller, al sur de Trondheim (Noruega), integra células solares de cinco metros de altura con un sistema de espejos y un seguidor solar que orienta los módulos durante todo el día para maximizar la captación de radiación. Bajo estas células, un circuito de tuberías con un fluido térmico absorbe calor para llevarlo hasta 60 °C y, mediante una bomba de calor avanzada, elevar la temperatura hasta los 130 °C necesarios para iniciar el ciclo de captura de carbono.
La novedad de este diseño radica en su planteamiento híbrido: además de producir electricidad, el sistema captura calor que normalmente se pierde en las plantas fotovoltaicas tradicionales. Este calor, combinado con la energía eléctrica generada, se emplea directamente en el proceso de captura de CO₂, un procedimiento que tradicionalmente consume grandes cantidades de energía. En términos cuantitativos, estos procesos suelen requerir unos 3,1 megajulios por tonelada métrica de CO₂ capturado. Según los ensayos realizados, el nuevo sistema redujo este consumo en 0,52 megajulios por tonelada, equivalente a una mejora de eficiencia del 17 %.
Este ahorro energético puede parecer moderado, pero adquiere dimensión cuando se considera la escala de las industrias que aplican tecnologías de captura de carbono. Sectores como el del vidrio, el cemento, el acero o la química que capturan cientos de miles de toneladas de CO₂ al año podrían traducir este porcentaje en reducciones significativas de costes y consumo de energía. Los modelos de optimización del propio proyecto sugieren que, con mejoras en la concentración solar mediante espejos más eficientes y la reducción de pérdidas de calor, esta reducción energética podría alcanzar hasta un 39 % en futuras versiones del sistema.
La dependencia de las condiciones meteorológicas es uno de los desafíos técnicos que enfrenta esta tecnología. Durante las pruebas en agosto de 2025, un periodo con nubosidad superior a la media limitó la producción de energía solar térmica y eléctrica. Según los investigadores, regiones más soleadas como el sur de Europa ofrecerían mejores rendimientos, reduciendo la necesidad de apoyo eléctrico externo para mantener la operación en temperaturas óptimas.
Tras validar el modelo en el laboratorio noruego, el siguiente paso consiste en trasladar el sistema a una planta industrial real. El piloto se implementará en una empresa italiana fabricante de vidrio, donde se evaluará su rendimiento en condiciones operativas continuas, su integración con los procesos existentes y su fiabilidad. Este ensayo en un entorno de producción permitirá confirmar si los beneficios observados en el laboratorio se replican en sistemas industriales a gran escala sin comprometer la estabilidad de operación.

Los investigadores creen que esta solución híbrida podría adaptarse a otras industrias con altos requerimientos térmicos y emisiones de CO₂ difíciles de reducir por electrificación directa. Estas industrias representan algunos de los sectores más complejos de descarbonizar en la transición energética global, dado que muchos de sus procesos dependen de altas temperaturas que las tecnologías eléctricas actuales no cubren de forma eficiente.
Más allá de la aplicación concreta en captura de CO₂, este avance refleja la tendencia más amplia de aprovechar la energía solar no solo para generar electricidad, sino también para suministrar calor útil en procesos industriales. En España y Europa, la energía solar fotovoltaica ha batido récords en generación y reducción de emisiones en los últimos años, reforzando su papel central en la descarbonización del sistema energético y el cumplimiento de objetivos climáticos a 2030 y más allá.
La integración de energía solar térmica y eléctrica para usos industriales supone un nuevo capítulo en la transición energética, en que las tecnologías renovables abordan tanto la generación como las necesidades térmicas de procesos intensivos en energía, reduciendo la huella de carbono y mejorando la eficiencia global de la industria.