China ya no solo quiere vender muchos coches eléctricos cada año. Ahora quiere transformar de forma masiva el parque móvil que circula por sus carreteras. El nuevo plan de acción climática publicado por el Consejo de Estado fija que los vehículos de nuevas energías, conocidos como NEV, alcancen alrededor del 30% del total nacional en 2030.
La cifra es importante porque no habla solo de matriculaciones nuevas, sino del conjunto de vehículos en uso. Es decir, del peso real que eléctricos, híbridos enchufables, modelos eléctricos de autonomía extendida y vehículos de pila de combustible de hidrógeno tendrán dentro del tráfico chino.
A finales de 2025, China contaba con 43,97 millones de NEV registrados, lo que representaba el 12,01% de todo su parque móvil. Para llegar al 30% en apenas cinco años, el país tendrá que más que duplicar esa flota.

El eléctrico puro sigue siendo la base
Dentro del parque de vehículos de nuevas energías chino, los eléctricos puros ya son mayoría. De los casi 44 millones de vehículos electrificados registrados a finales de 2025, unos 30,22 millones eran coches 100% eléctricos, cerca del 69% del total.
Eso explica por qué China sigue siendo el gran epicentro mundial del coche eléctrico, incluso cuando las ventas muestran señales de menor crecimiento y el Gobierno empieza a retirar algunas ventajas fiscales. Todo esto, claro está, teniendo en cuenta que ahora mismo solo 3 marcas chinas de coches cero emisiones son rentables, y que muchas de las actuales no sobrevivirán con el paso de los años.
La nueva estrategia no abandona la electrificación. Simplemente cambia el foco: menos dependencia de incentivos directos y más objetivos estructurales sobre flota, infraestructura y descarbonización.

También camiones, autobuses y maquinaria
El plan no se limita al turismo. Pekín quiere que, en 2030, los vehículos comerciales de operación con sistemas alternativos representen el 25% de la flota. También se impulsará la electrificación de flotas públicas y el uso de vehículos de cero emisiones en construcción, minería, puertos y aeropuertos.
Este punto es clave. La transición china no se concentra solo en coches particulares, sino en sectores donde el consumo energético y las emisiones son muy elevadas.
El objetivo es extender el concepto NEV a camiones pesados, transporte público, logística y maquinaria, ámbitos donde la electrificación puede tener un impacto directo en contaminación urbana y emisiones industriales.

Más carga, más intercambio de baterías y más hidrógeno
Para sostener ese crecimiento, China acelerará la expansión de infraestructura. El plan contempla más puntos de recarga, estaciones de intercambio de baterías y estaciones para hidrógeno verde, amoniaco y metanol.
La prioridad estará en autopistas con mucho tráfico y grandes ejes nacionales de transporte, donde se irán creando corredores de transporte sin emisiones.
Esta red será decisiva porque una cuota del 30% no se consigue solo fabricando coches. Hace falta que millones de usuarios puedan cargarlos, operarlos y mantenerlos de forma fiable.
El mensaje para Europa
La estrategia llega en un momento llamativo. China está reduciendo beneficios fiscales para algunos híbridos enchufables y vehículos comerciales electrificados desde 2027, aunque los eléctricos puros de pasajeros mantendrán exenciones.
Eso no significa retirada, sino madurez. China pasa de subvencionar la explosión inicial del mercado a ordenar una transformación de largo plazo y liderar la industria del automóvil electrificado a nivel mundial.
Para Europa, el mensaje es claro: aunque el mercado chino se enfríe puntualmente, su industria no se detiene. Si China logra que casi un tercio de su parque sea electrificado en 2030, sus fabricantes ganarán todavía más escala, experiencia e infraestructura. Y esa ventaja acabará notándose fuera de sus fronteras.