La electrificación de las flotas corporativas juega un papel fundamental para el impulso de los coches eléctricos en Europa. Al tratarse de grandes compradores de vehículos, las empresas tienen la capacidad de impulsar la demanda de modelos de cero emisiones y acelerar su adopción a gran escala, además de que luego alimentan el mercado de segunda mano tras unos años de uso. Es por eso que el estudio elaborado por DKV Mobility trae buenas noticias para el sector.
Una de sus principales conclusiones que saca es que los vehículos eléctricos ya se están convirtiendo en un estándar dentro de las flotas corporativas europeas. De hecho, más de la mitad de las empresas encuestadas planean incorporar más coches eléctricos de batería en los próximos dos años, lo que refleja una tendencia de crecimiento sostenido.

Una intención de compra eléctrica al alza
Sven Mehringer, director general de DKV Mobility y responsable de Servicios de Energía y Vehículos, señala: “Nuestro informe muestra claramente que la electrificación en las empresas europeas se está acelerando. Al mismo tiempo, resulta evidente que la transformación de las flotas corporativas sigue siendo una tarea estratégica compleja para muchas empresas”.
Entre las conclusiones destacadas a las que se ha llegado, se señala que, aunque ha habido un aumento gradual de vehículos eléctricos en las flotas corporativas, los sistemas de propulsión que siguen predominando son los de toda la vida, con el diésel en primera posición, algo lógico ya que son vehículos que hacen muchos kilómetros, y con la gasolina en segunda posición. Eso sí, poco a poco los vehículos eléctricos y los híbridos enchufables ganan presencia.
El estudio se ha realizado a nivel europeo, pero hay países que destacan por una proporción de vehículos eléctricos de batería superior a la media. El caso más destacado es el de las empresas neerlandesas, entre las que el 31 % opera vehículos de gasolina, el 23 % diésel, el 21 % eléctricos y el 16 % híbridos enchufables. Alemania también tiene una posición destacada, con un 36 % de diésel, un 32 % de gasolina, un 16 % de eléctricos y un 9 % de híbridos enchufables. Los datos no son tan buenos en el resto de naciones, en los que la cuota de coches 100 % eléctricos es sensiblemente inferior, oscilando entre el 6 % y el 15 %.
Los principales obstáculos a superar
A pesar de este avance, el estudio también identifica obstáculos relevantes que siguen frenando una adopción más rápida. Entre ellos destacan los costes iniciales de los vehículos eléctricos, la incertidumbre en torno al valor residual y, en algunos casos, las limitaciones de la infraestructura pública de recarga. Es el último el que ha llevado a muchas empresas a tomar una decisión drástica: para no depender de redes de recarga públicas, están creando su propio ecosistema.
“Al mismo tiempo, muchas empresas están invirtiendo en sus propias soluciones de carga. Actualmente, alrededor de nueve de cada diez empresas con vehículos eléctricos ya cuentan con infraestructura de carga en sus instalaciones. Una clara mayoría también planea ampliar aún más esta infraestructura en los próximos dos años”, se señala en el informe.
A pesar de ello, la aceptación de los vehículos eléctricos está creciendo: el 56 % de las empresas encuestadas tienen previsto adquirir más coches eléctricos en los próximos dos años y solo un porcentaje mucho menor prevé un descenso. En la intención de compra, los híbridos enchufables también tienen un papel que irá a más, mientras que los automóviles equipados con motor de combustión interna verán reducido su papel.
“Muchas empresas se han comprometido claramente a electrificar sus flotas. El factor decisivo ahora será si las condiciones marco clave, como los costes, los precios de la energía y la infraestructura, pueden seguir el ritmo de este impulso”, sentencia Mehringer.

