La batería “más resistente” de Tesla también se desgasta: el caso que cuestiona una de sus grandes promesas

Un Tesla Model 3 con batería LFP muestra un estado de salud cuestionable con menos de 42.000 kilómetros, tras una prueba interna del propio coche.

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La batería LFP de este Tesla Model 3 se ha degradado más de lo habitual.
07/07/2026 09:30
Actualizado a 07/07/2026 09:30
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Las baterías LFP se han ganado fama de duraderas, baratas y más tolerantes a las cargas completas. Pero un Tesla Model 3 de 2023 acaba de recordar algo importante: incluso esta química puede degradarse antes de lo esperado si el uso, el clima y las recargas no acompañan.

La química LFP no hace milagros

Durante los últimos años, las baterías LFP (litio-ferrofosfato) se han convertido en una de las grandes apuestas del coche eléctrico. Tesla las utiliza en versiones de acceso del Tesla Model 3 y Tesla Model Y, y su reputación es clara: son más baratas, más estables y soportan mejor los ciclos de carga que otras químicas con níquel, manganeso o cobalto.

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La prueba del propio coche pone en evidencia una degradación prematura.

Además, tienen una particularidad muy atractiva para el usuario: Tesla recomienda cargarlas al 100% con regularidad, algo que en baterías NMC o NCA suele reservarse para viajes largos.

Sin embargo, eso no significa que sean inmunes al desgaste. Y el caso de un Tesla Model 3 RW de 2023 probado en Hawái lo demuestra.

Un 90% de salud con menos de 42.000 kilómetros

El coche analizado era una unidad de alquiler en Maui, con menos de 26.000 millas recorridas, unos 41.800 kilómetros. A primera vista, no parece un kilometraje elevado para un eléctrico moderno.

La aplicación Tessie estimaba que la batería conservaba el 92,27% de su capacidad original tras 253 ciclos de carga y descarga. Pero la prueba interna de salud de batería de Tesla, más larga y precisa, rebajó el dato hasta el 90%.

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El tipo de recargas y la climatología son claves para la vida útil de una batería.

El resultado no es catastrófico. Una batería al 90% sigue siendo perfectamente utilizable. Pero sí es un dato peor de lo que muchos esperarían en un Tesla Model 3 con este tipo de batería, con solo tres años, y ese kilometraje.

El uso de alquiler puede explicar parte del desgaste

La clave está probablemente en la vida que ha tenido ese coche. No es lo mismo un vehículo particular cargado en casa de forma tranquila que un coche de alquiler en una isla turística.

Los coches de renting o alquiler suelen recibir un uso más irregular: cargas frecuentes al 100%, posible uso intensivo de recarga rápida, periodos al sol, trayectos cortos, muchos conductores distintos y poca atención a hábitos de conservación.

A eso se suma el clima tropical de Maui. El calor obliga al sistema de climatización a trabajar más y puede influir en el consumo y en la gestión térmica de la batería. El propio análisis apuntaba a un consumo eléctrico superior a la media, probablemente por el esfuerzo extra del sistema de climatización.

Las LFP aguanta más, pero también envejecen

El caso no invalida la buena reputación de las baterías LFP. Esta química suele resistir mejor los ciclos y soporta mejor las cargas completas que otras alternativas, pero sigue estando sometida a las mismas reglas básicas de cualquier batería: temperatura, potencia de carga, profundidad de descarga y tiempo pasan factura.

De hecho, otros ejemplos recientes muestran resultados distintos. Un Tesla Model Y europeo con batería LFP y unos 55.000 kilómetros mantenía alrededor del 92% de capacidad, y su degradación parecía haberse ralentizado en el último año.

Eso encaja con un patrón habitual en los eléctricos: la pérdida de capacidad suele ser más visible al principio y después se estabiliza.

Una señal para quienes compran eléctricos usados

El dato más útil para el conductor no es que las baterías LFP sean malas, porque no lo son. La enseñanza es otra: no conviene comprar un coche eléctrico usado mirando solo el kilometraje o la química de la batería.

El historial de uso puede ser igual de importante. Un eléctrico de alquiler, sometido a calor, recargas rápidas y cargas completas frecuentes, puede haber sufrido más que otro con más kilómetros pero mejor cuidado.

Por eso, las pruebas de salud de batería, las estimaciones de capacidad y el historial de carga serán cada vez más relevantes en el mercado de ocasión.

Las LFP siguen siendo una opción sólida para muchos conductores, especialmente por coste, seguridad y durabilidad. Pero este Tesla Model 3 recuerda que “más resistente” no significa “indestructible”. Y en el coche eléctrico, como en cualquier tecnología, el uso real siempre acaba contando.